jueves, 6 de agosto de 2015

Los ausentes



Carmen Virginia Carrillo  

    En oportunidades, los muertos nos visitan. No se asuste, ni crea que ahora veo fantasmas. Me refiero a esos momentos mágicos que ocurren en medio de nuestra ajetreada existencia, que nos obligan a detenernos y a conversar con nuestros más queridos deudos.

     Eso me ocurrió justamente anoche. Llegaba del gimnasio sudada y acalorada, con hambre y sed. Me disponía a darme una ducha helada para refrescarme, cuando sonó mi celular. Era mi hermano Manuel, necesitaba con urgencia las copias de las cédulas de mis padres para trámite legal.

     Temiendo que si lo dejaba para más tarde se me pudiera olvidar, me dispuse a revisar un cajón donde guardo esos pequeños y aparentemente insignificantes tesoros de la herencia familiar, y recuerdos de amigos ya idos.

     El primero en asomarse fue mi papá a través de una vieja agenda telefónica en que muchos años atrás, cuando todavía yo no había nacido, anotaba las fórmulas magistrales que mandaba a preparar en la botica de la esquina de su consultorio, para sus pacientes.

     
En la letra A, por ejemplo, estaba


Amibiasis:


Polvo ipeca    4 gr 

Polvo carbón álamo        

Subnitrato Bi                         100 gr

Jbe.  Simple

Glicerina

R. cucharaditas 1 a 10 p. día





   
   Mi papá era cirujano, sin embargo, como solía ocurrir a mediados del siglo XX, cuando no había  tantas especialidades, ejercía como médico general y atendía partos. He aquí una lista de  medicinas para parturinetas:



  Me disculpan los lectores galenos  si he transcrito equivocadamente alguna palabra. Mi papá, como buen médico de aquella época, tenía una letra casi jeroglífica.

     
  Interesante la fórmula para el cólico hepático:

Antipirina  2,50 gr.

Jarabe belladona  20 gr.

Id. Morfina             20 gr.  

H° O tauret cerezo  15gr.

Infusión de tilo cp p. 150gr.

1 cuch c ¼ de hora hasta calmar dolor.

                

     
 En las páginas en blanco, muchos años después de que el doctor Pedro Emilio Carrillo escribiera estas recetas, mi hija Guadalupe decidió realizar sus primeros dibujos. 



  
En la letra J, escrito con letra de mi madre, encontré lo siguiente:


 


              



      La agenda de fórmulas magistrales había pasado a los dominios de la nieta.

     Tras deleitarme con aquella libreta que me obligó a viajar al siglo pasado, tropecé con un recordatorio que, en el novenario de la muerte de mi madre ofrecieron sus queridas amigas Lola, Pepita, Milly y Marilucha.



     Después se asomó mi hijo Daniel, quien me dejó muy pronto. En medio de los papeles surgió una pequeña foto carnet de cuanto tenía dos añitos. No llegó a celebrar los veinte.




     Luego, para aliviar la tristeza que me habita cada vez  que recuerdo a mi amado Dany boy, como le solíamos decir, encontré una carta que mi  querido amigo Eugenio Montejo me envió junto con un ejemplar de la revista La Tuna de oro. También el poeta se fue antes de tiempo dejándonos con ganas de leer más versos suyos.

      Finalmente aparecieron las cédulas. Agradecí la circunstancia que me permitió esa pequeña reunión con estos seres queridos, que definitivamente siempre están presentes en nuestras vidas.

2 comentarios:

Mario Szichman dijo...

Carmen Virginia: qué bello homenaje el que rendiste a seres tan entrañables, a través de la magia de las fotos y de los textos recuperados.El post habla también de muertos muy queridos, pero como todo lo que escribes,es un canto a la vida. Y además, destila una tranquila emoción. Muchos agradecerán esos recuerdos, y la magia de tus palabras.

LUIS CARLOS GUERRERO PEREZ dijo...

Hermoso, querida amiga! Después de habernos imbuído en una semana de memorias y cuentos de la adolescencia, no resulta extraño que te brindaras, como parte de un menú muy especial, la búsqueda de esos recuerdos entrañables. El resúmen de tu excursión entre la remembranza de tus gavetas, excelente!... las imágenes e información médica, no puede ser menos oportuna, como alternativa en una nueva forma de encontrar remedios para el alma y el corazón! Abrazo fuerte, y gracias por alegrarnos nuevamente!