martes, 13 de septiembre de 2011

Deambulando hacia la lumbre de Mariana Libertad Suárez.


Carmen Virginia Carrillo                                                                                                                                                                                                  


        Tras una reconocida trayectoria  en  el  campo  del  ensayo:  ganó  el   premio de   autores   inéditos  de
Monteávila del año 2006,  la mención del Premio Temas, en la categoría: “Estudios sobre arte y literatura”, en La Habana, Cuba y  el  premio internacional de ensayo Mariano Picón Salas, en su IV edición del año 2008, con el libro Sin cadenas, ni misterios. Representaciones y autorrepresentaciones de la intelectual venezolana, Marina Libertad Suárez nos ofrece su primera novela, Deambulando hacia la lumbre, publicada  por la editorial  El otro el mismo (2010).
El libro comienza con las definiciones que  da el diccionario de la lengua española a la palabra hogar. En la primera acepción apunta: “sitio donde se hace la lumbre…”, y en la quinta: “Centro de ocio en el que se reúnen personas que tienen en común una actividad, una situación personal o una procedencia”.  Estos dos conceptos  me remiten al título de la obra y dirigen mi lectura hacia un registro específico que tiene que ver  con la búsqueda de ese espacio pretendido donde el ser se siente en casa.  
En un ámbito trasnacional, un colectivo heterogéneo de  estudiantes y un profesor del Master en Literatura  Latinoamericana, de la Universidad de Pittsburgh, da cuenta de esa compleja mezcla de culturas que llamamos Latinoamérica, con la variedad de razas y de condiciones materiales, las particularidades históricas y las variantes del idioma,  todo ello representado en el cotidiano transcurrir de unos seres que comparten sus relaciones, sus fantasmas, sus búsquedas, siempre signados por un sentimiento de ajenidad.
La trama gira en torno a la muerte del profesor colombiano Octavio Modotti.  Ulises O. Puig, quien también cursa el master,  entrevista  a los colaboradores cercanos de Modotti, alias el Dromedario, en un intento por reconstruir su trágico final. El pasado  de  cuatro de los estudiantes del postgrado, los vínculos que existen entre ellos, las coincidencias o divergencias que tienen con otros estudiantes del master, así como la versión que cada uno de ellos tiene de los acontecimientos sucedidos la noche de la muerte del profesor estrella, es narrado en una secuencia de treinta apartados que están organizados a partir de una estructura que se repite seis veces, siempre en el mismo orden se presentan: la venezolana Dhuha Contreras Colmenares, el dominicano Hugo Andrés Ramírez Escobar, la chilena Lucía Consuelo Maturana Morales y el peruano Pedro Silva Gamarra. Separando cada bloque encontramos un apartado sobre Ulises, el periodista que busca convertirse en un escritor famoso escribiendo su primera obra de ficción y que quiere comenzar con “un reportaje de largo aliento, sobre el trágico y misterioso fallecimiento del profesor Modotti” (12).
Nos encontramos frente a la puesta en escena de las relaciones conflictivas de unos jóvenes desplazados aparentemente en busca de conocimiento, pero que en el fondo viven una forma de exilio, pues todos huyen de una realidad que les resultaba incómoda en su país de origen. Ese lugar deseado, pero que nunca logra asumirse como propio, da paso a un espacio de relaciones conflictivas en donde la seducción, el erotismo y la homosexualidad  van a jugar un papel fundamental.  
Los personajes parecieran reproducir simbólicamente los conflictos, los complejos y las particularidades que han estigmatizado a sus países, sin embargo,  una vez que se han trasladado hacia un entorno tan ajeno, las certezas de los personajes se resquebrajan, particularmente aquellas que dictan las conductas sociales.
El profesor Modotti se erige como el eje aglutinador de este grupo. Con una permanente actitud crítica y una ironía  rayana en el sarcasmo,  reflexiona  sobre la cultura y el atractivo que la izquierda ha ejercido sobre la juventud latinoamericana; cuestiona los saberes que muchos siguen con fe ciega y propone una actitud dionisíaca frente a la existencia. Desde las primeras apariciones del personaje,  sus diálogos dan cuenta de su postura:
En ese momento, Hugo vestía una camiseta con el rostro de Emiliano Zapata y el compañero peruano, a su vez, llevaba en el polo una fotografía de José Martí. Cuando Modotti los vio sentados uno junto al otro, les dijo sonriente:
-¡Uy pero si estoy aquí en las entrañas del monsturo con el Negro y con Luchito!
         -¿Y qué tiene de raro?
-Pues tiene mucho ¡Dos comunistas en la misma oficina!… Y pensar que trabajo en medio de este basurero imperialista lleno de carros, publicidad, consumismo y desechos.” (16)
Y más adelante, frente a los reproches del dominicano replica:
-No, Negro, no es mi esencia… yo estoy en perfecto estado de salud, tanto, que no necesito que un gringo desde un escritorio me soluciones los problemas, ni que usted me represente, ni que un europeo me reconozca… (18)
                       

Modotti: “uno se convierte en inmigrante el día en que deja de sentirse parte de lo que dejó” (92) “el arraigo es una trampa, una forma de control” (92)
“Un man que teniendo la oportunidad de vivir en su país, decide viajar a Estados Unidos para descubrir las bondades del pensamiento marxista” (95)

Dhuha, la gran defensora de la bisexualidad, buscaba  liberarse de una madre posesiva y de una vida que no le satisfacía,  para ello aplicó a una beca y se fue a Estados Unidos a hacer estudios de cuarto nivel. Romper con los patrones de una sociedad machista implicaba dejar atrás a su vida familiar para realizarse en la vida académica de una universidad norteamericana.
            Hugo, “el macho vernáculo” caribeño,  mujeriego y bebedor, utopista soñador de un cambio social, llegó a Pittsburgh escapando de una mujer que lo iba a hacer padre. En él la influencia del profesor Modotti había sido crucial,  le había permitido liberarse de la pesada carga ideológica cuya concepción bipolar del mundo  le impedía v …
La estrategia narrativa de la ficción dentro de la ficción permite a la autora jugar a la indeterminación; todo ello aunado a la atmósfera de suspenso que mantiene la tensión del lector de principio a fin.