lunes, 27 de mayo de 2013

Entrevista con Francisco Pérez Perdomo.


Carmen Virginia Carrillo.




Esta mañana los medios anunciaban la muerte del gran poeta venezolano nacido en Boconó, estado Trujillo, Francisco Pérez Perdomo. Hace algunos años, cuando comenzaba a  investigar sobre la poesía de la década de los sesenta en Venezuela, conocí a Pérez Perdomo. Lo entrevisté en su oficina; a partir de entonces nos mantuvimos en contacto, pues su trabajo poético me interesaba particularmente. Meses más tarde lo invitamos a la Universidad de los Andes, núcleo Trujillo para un evento que habíamos organizado el Centro de Investigaciones literarias y lingüísticas Mario Briceño Iragorry y el Ateneo de Trujillo, auspiciados por el CONAC. En aquel entonces yo dirigía el CILL y Margot Carrillo el Ateneo.
En esa oportunidad celebramos la poesía de Francisco Pérez Perdomo, José Barroeta, Ana Enriqueta Terán y Ramón Palomares. Un nutrido público se congregó para conocer el trabajo de críticos y estudiosos de la obra de estos grandes escritores y particularmente para escucharlos leer sus poemas. Pocas veces la palabra poética había hechizado a una audiencia tan amplia de forma tan contundente.
                Como un homenaje al poeta, publico hoy en el blog la entrevista que le hiciera y uno de mis trabajos sobre sus primeros libros.
                CVC:  poeta, es sabido que su primera publicación: Fantasmas y Enfermedades, fue publicada  el año 1961 en la editorial del grupo Sardio; dos años más tarde, bajo el sello de El Techo de la Ballena apareció Los Venenos Fieles y el año de 1966 La depravación de los astros. Podría hablarnos de su incursión en estos movimientos de la década de los sesenta.
FPR: Para hablar del grupo Sardio, que es el primer grupo al que pertenecí aquí en Caracas, debo comenzar diciendo que todavía en los años 58 o 59, en la mayoría de los liceos del interior del país sólo existía el cuarto año de bachillerato.  De esta manera, quienes estudiábamos en ciudades pequeñas, obligatoriamente teníamos que trasladarnos a algún lugar, que podía ser Barquisimeto, Mérida o Caracas.  Pero los dos centros de atracción más importantes eran Mérida y Caracas.  Los liceos de más prestigio en Caracas eran el Andrés Bello y el Fermín Toro.
El grupo Sardio tiene un nacimiento real a partir de esos años 56 o 57;  el nacimiento nominal, en cambio, es a partir del año 57 o 58, cuando se empiezan a editar publicaciones del grupo y surge también la revista Sardio en el año 58.
                Como sucede con todo grupo que no nace por decreto, Sardio brota con el contacto de los que serán miembros del grupo en el liceo en el que estudiábamos.  Allí estaban Adriano González León, Salvador Garmendia...  de Trujillo, Barquisimeto; de Ciudad Bolívar Guillermo Sucre,  Luis García Morales; de Boconó vine yo...  Éramos un grupo de gente con inquietudes que, podríamos decir, nació espontáneamente.
En el año 57, ya con una mayor madurez, pensamos que ese grupo de amigos —que se reunían en el centro de Caracas y en Sábana Grande, y que vivían en condiciones bastante precarias— podía publicar lo que había escrito. 
CVC: ¿Cómo pudo un grupo de jóvenes organizar una editorial y sacar adelante las publicaciones?
FPP: Reunimos el dinero como pudimos y se editó ese primer libro que se titulaba Las Hogueras más altas de Adriano González León, más o menos a finales del año 57, luego sale en 1958, El reino, de Ramón Palomares. El año siguiente sale a la luz Los pequeños seres de Garmendia, después se publica el mío, todos ellos tienen el sello Sardio.  Creo que después del  mío aparece uno de Edmundo Aray: Nadie quiere descansar  y éste tengo idea de que fue el último en salir con nuestro sello, en el año 61.
CVC: ¿Qué otras actividades realizaba el grupo?
FPP: Además de esas ediciones, habíamos pensado que simultáneamente se podía publicar una revista amplia, con colaboraciones importantes como la de Alejo Carpentier.  De ella se publicaron ocho números.  El primero aparece en el año 58 y el último, aparece en el año 61.  En estas publicaciones hay un planteamiento inicial: pedir una revisión de valores, en ella generalmente hacíamos tabla rasa de todos los valores existentes.  Respetábamos sobre todo a los grandes poetas que se unían a nosotros y que se consideraban como parte del grupo, aunque su madurez poética fuese ya reconocida, es el caso de Vicente Gerbasi, que tantas veces nos acompañó y compartió con nosotros.  Muchas veces nos reuníamos a tomar cerveza, a hablar de poesía y a leer los textos que íbamos escribiendo.
                CVC: ¿Considera usted que el grupo tenía una propuesta teórica concreta?
FPP: En Sardio hubo dos grandes teóricos, Adriano González León —aunque pronto dejó la crítica para lanzarse más a la narrativa— y Guillermo Sucre.
Adriano en algún momento afirmó que Gallegos no era un gran valor.  Esta frase se repitió, quizás no de la misma forma, pero sí arrastrando lo que tiene por delante, como ocurre con todo grupo joven que quiere abrirse un espacio para instalarse en él.  Más adelante, Adriano aclaró que lo que realmente quiso manifestar era su impresión de que Gallegos era un escritor de la Independencia, y lo comparó con Bolívar, con Andrés Bello...  es decir, con grandes hombres que pertenecían al pasado.  A pesar de la ironía, sí existía un reconocimiento del valor de Gallegos,  pero siempre colocándolo en una época más antigua. 
Es importante señalar que cuando Adriano hizo ese comentario sobre Gallegos se estableció un cuestionamiento de los valores y, en consecuencia, una formulación de principios.  Esto último me parece muy positivo, porque responde a una inquietud de los jóvenes que nunca debería desaparecer, es un sueño, el deseo de superarse.  
Sin embargo, en la revisión de valores se pueden cometer errores al querer romper con todo lo anterior.  Esto hacían los surrealistas que, incluso, tenían un "índice" de novelas que no debían leer —en él se encontraba la obra de Kafka, que tiene una importancia tremenda en el mundo de la literatura.
CVC: ¿Qué opinión le merece la obra de Gallegos?
Gallegos está entre las grandes figuras, resalta grandes dramas de la humanidad, sin  embargo, su escritura no es de las más cautivantes.  Estos dramas se dan en personajes tan  extraordinarios como Doña Bárbara.  Particularmente me fascina Doña Bárbara porque es un personaje que traiciona a Gallegos.
                CVC: ¿Podría explicarnos a qué se refiere con esa afirmación?
FPP: Cuando Gallegos escribe la novela establece un asunto temático: la lucha contra civilización y barbarie, y el personaje que trata de condenar y abolir de la historia es Doña Bárbara, sin embargo, ella es el personaje más fascinante porque representa la brujería y la magia.  Es una niña violada por unos bandidos, y que se desdobla, porque a su amargura se une su capacidad de vivir grandes pasiones; es como Madame Bovary, un personaje que seduce, pues también es capaz de sentir afectos sublimes; ella cree en el amor y por eso entra en conflicto, igual que Santos Luzardo.  Este último no es de los mejores personajes, representa al pequeño burgués: es un abogado inteligente, uno de esos centauros llaneros que se ha civilizado —para él la universidad tiene una importancia extrema—, que quiere luchar con el llano en donde está la libertad, él encarna la propiedad privada que lucha con los marxistas —nosotros, los de Sardio, éramos todos marxistas: capital, tierra, trabajo eran los tres elementos a considerar según las ideas comunistas.
Santos Luzardo se enfrenta a la barbarie que encarna Doña Bárbara.  Cuando ella es derrotada por la vida, desaparece.  Doña Bárbara respeta el amor de Santos Luzardo por Marisela, pues ella es su hija y destruirlo a él significa hacerle daño a su hija.  Hay un desdoblamiento en el personaje cuando Doña Bárbara baja el arma y se pierde como un misterio gigantesco: sube a la canoa y se pierde en la noche, es, por tanto, el gran mito.
                El doctor Payares expresa también el conato de amor incestuoso.  Él es otro personaje mítico, fascinante, que no se sabe de dónde viene.  También él se pierde.  Como él está Marcos Vargas.
CVC: A propósito de lo que usted plantea sobre la obra de Gallegos, me gustaría hacer referencia a ciertas constantes que se perciben en su obra poética, por ejemplo: el elemento fantasmagórico, la magia, lo paradójico, la ambigüedad, la dualidad y las oposiciones del adentro y el afuera, el estar y no estar en un espacio y un tiempo determinado. 
FPP: Es cierto, porque el escritor cuando escribe está muy marcado.  A mí, por ejemplo, me encanta Gallegos, pero mi escritura no se parece a la de él.  Los temas, en cambio, sí coinciden en cuanto a la temática pues tienen que ver con la magia, el mito y la brujería.

                CVC: ¿qué sucedió con Sardio?
FPP: sabemos que siempre se ha dicho que los grupos literarios se forman para dividirse y para pelear; son como los matrimonios, que primero se unen y después vienen las grandes peleas, que pueden llegar a proporciones descomunales.  Esto no ocurrió con el grupo Sardio, en él los sobrevivientes se han mantenido en muy buena relación.
                Al final del 59, cuando ocurre la Revolución Cubana, ya en el grupo existía el germen de la separación.  Para ese momento todos estábamos contagiados por la Revolución.  Había algunos muy  bien definidos políticamente:   Guillermo Sucre era  militante adeco, Luis García Morales y Elisa Lerner también lo eran, además, en un tono muy ortodoxo.  Nosotros creíamos en la guerrilla como la sanación de un país.  Todos los que formábamos Sardio, a excepción de los tres mencionados, pertenecimos a El Techo de la Ballena.  Con el nacimiento de El Techo...  se buscaba impulsar el interés por cambiar las estructuras de forma completa.  Se trataba de causar una perturbación y provocar.  La exposición denominada Homenaje a  la Necrofilia alcanzó sus fines, pues al día siguiente hubo publicaciones y críticas feroces hacia los balleneros y nuestra exposición.
 Más adelante El Techo de la Ballena cayó en ese tónica de la pacificación, igual que le ocurrió a la guerrilla.  Así va desapareciendo lo que, a mi juicio, fue una continuidad de Sardio.  De los miembros del grupo, sólo Ramón Palomares no perteneció a El Techo de la Ballena, él que fue un guerrillero furibundo.
CVC: ¿Podría decirse que se logra continuidad estética, aunque se separan en la orientación ideológica y  política?
                FPP: Sí, para mí es esa la diferencia que hay. Inclusive esa continuidad estética tendría una evolución. La lucha contra todas estas estructuras se hacía en Sardio de una forma sutil, en cambio, adopta una manera más violenta en El Techo... Por ejemplo la rebelión contra los cánones establecidos por el arte. La belleza, por ejemplo, ya no es el elemento motivador o esencial de la producción literaria, sino que es el horror, que venía como propuesta estética de Víctor Hugo y que se convierte en el centro, en el fuerte de las propuestas de El Techo... También, el ir en contra de la autoría, con los famosos falsarios en donde se juega con el valor del autor, considerándolo menos importante de lo que solía ser. Al imitar estilos de otros autores estaban demostrando que los autores no son tan determinantes para su producción. Tenemos el famoso artículo que supuestamente había escrito Rómulo Aranguibel y que en realidad lo hicieron Rodolfo Izaguirre y Salvador Garmendia; el famoso poeta inventado por Adriano Gonzàlez León, todos preguntaban de dónde lo había sacado y la verdad era que éste no existía, sino que se trataba de una crónica inventada por él, allí inventa unos versos y unos poemas y de ellos hace una crítica...  todo esto se exacerba con El Techo...  Pregunto entonces ¿por qué después, políticamente, todo se desvanece?, ¿será, quizás, por la bonanza económica que hace que todo este asunto político de la búsqueda de la utopía no tenga dónde sembrarse, porque el país con la bonanza económica no va a poder responder a estas iniciativas o porque de alguna manera el poder, con sus tentáculos, logra absorber a esos mismos elementos celebrándoles su propia estética?
En  realidad, yo veo que hubo un cambio en las estructuras sociales.  En aquellos momentos, en El Techo... nosotros nos habíamos separado, estábamos en trincheras distintas.  Pero eso pasó.  Pasó El Techo...  El país es otro y todo aquello pertenece al pasado.  Al escritor le interesa el presente, vive en un eterno batallar, disfruta de lo que tiene a su alrededor.
CVC: Sin embargo, a nivel estético,  hay escritores en Sardio que van adaptando su discurso poético a las exigencias del momento tal como puede verse en el discurso más  violento de los sesenta, que se va suavizando en la medida en que  la realidad cambia,  aunque  ciertas búsquedas se mantienen. Sin embargo, algunos de los escritores de los sesenta  se quedaron  en ese lenguaje panfletario del que no lograron liberarse  y parecieron haberse quedado añorando la utopía de que querían construir.
FPP: Yo escribí un libro en el que hay una serie de ensayos en torno a la poesía venezolana de los últimos años —se trata de los años 60—, allí establezco que lo visible en aquel momento eran tres orientaciones:  una surrealista, en la que está Juan Sánchez Peláez, que fue un maestro para nosotros. La otra orientación era la bíblica, allí incluyo a Guillermo Sucre, Ramón Palomares.  También se encuentra la orientación beat.  Estos son los movimientos estéticos con los que contábamos.
                CVC: En cuanto a su obra, esa constante de ciertos elementos fantasmagóricos, ese juego espacio-temporal en la que se percibe una espacialidad tangible y una intangible; una temporalidad lineal y una circular. Una eternidad a la que se anhela pero que parece estar en una temporalidad lineal que apresa al hombre...  todos estos elementos que muestran al yo lírico como un iniciado que va en busca de las claves para descifrar esos misterios de la otredad...  ¿Tiene eso alguna relación intertextual con influencias de diversos autores, o son búsquedas más individuales, o tiene que ver con las vivencias de la infancia, de los espacios telúricos, por ejemplo con los Andes?
                FPP: La pregunta es muy interesante porque está tocando algo que considero como un problema personal.  En primer lugar, todos los poetas más que poetas somos lectores.  Hay que establecer una diferencia cuando se imita y cuando se escribe.  La imitación es paródica.  Si se quiere, por ejemplo, escribir como Góngora, se hará de modo estetizante.  Las influencias, en cambio, son fecundantes.
                Personalmente he leído y releído no sé cuántas veces Las Flores del Mal, de Baudelaire, al extremo de hacerlo todas las noches antes de dormir.  Otro libro para mí muy importante es La Odisea de Homero, este libro para mí es fundamental, creo que representa la antigüedad clásica.  Hay otro que representa la Edad Media y que, al mismo tiempo, es panfletario, escolástico, lo tiene todo, ese libro es La Divina Comedia.  El libro que para mí representa la modernidad es Las Flores del  Mal.  Todos estos libros han influido mucho en mí, pero las influencias no son superficiales, uno las hace vida y las va convirtiendo en material propio y, tal vez, son más vitales que cualquier hecho que uno haya experimentado.  Para mí la lectura es una experiencia tan personal como cualquier otra que tenga relevancia.
Además de eso, cuando se están tocando los esquemas de belleza llevas dentro la marca de muchos de aquellos escritores que, al producir, establecieron su propio esquema de belleza ,como es el caso de Víctor Hugo en el Romanticismo, y de muchos otros.  Es distinto, en cambio, cuando al escribir se busca la imitación conscientemente.
En mi poesía, por ejemplo, eso que tú ves, lo de afuera y adentro proviene de mi reflexión en cuanto a qué será la realidad.  Cualquiera que se ponga a ver la realidad debe encontrar como vibraciones, la realidad es vibrátil, movible.  Creo que todo tiene dos caras y que hay una oculta; se debe buscar esa cara oculta para descubrirla.  Sobre ella —la realidad oculta— uno ve que los objetos se mueven y que cuando se escribe sobre algo se encuentra con esos dos mundos: primero el visible y luego el invisible.  Hay que tratar, a través del poema, de destruir lo invisible.  Muchos pueden decir que mi poesía es equívoca porque empieza con una anécdota de la infancia y, de pronto, aquello se mueve a la otra realidad que existe y que tiene otro tiempo, es la otredad.
CVC: ¿Espera usted que su lector, como lo pedía Cortázar, busque  más allá de las palabras, que  atraviese esa puerta que sólo en un momento mágico se abre para dar paso a una realidad alterna?
                FPP: Sí, exactamente; se trata de que el lector sea sensible y se remita a lo que está más allá de las palabras.  El lector debe ver que hay un reclamo.
CVC: Entonces, el poeta  da las claves para  que el lector logre captar el mensaje en  su totalidad, para que llegue a ese otro lado?
                FPP: Te pongo un ejemplo con el paisaje. Un amigo mío fue a Boconó y estando allí, de noche, miró el cielo y me comentó: “Francisco, ahora al ver el cielo me doy cuenta por qué tú hablas en tu poema del "cielo más alto del mundo", pues aquí parece que el cielo se hunde”. Yo vengo de un pueblo del interior en donde la magia juega una importancia tremenda. 
                CVC: ¿Su poesía también puede considerarse  heredera de José Antonio Ramos Sucre,  Rainer María Rilke, los surrealistas,  Franz Kafka,  Henri Michaux,  la literatura fantástica y del horror,  de Howard  P. Lovercraft?
FPP: Si, claro. A mí me ha gustado mucho la literatura fantástica.  Por ejemplo Poe, que fue traducido al francés por Baudelaire, a partir de ese momento se puso de moda esa literatura. La literatura fantástica está muy asociada a la magia.  Cuando yo vivía en Boconó no había luz eléctrica y nos alumbrábamos con lámparas de gas, había muchísimas personas que nos contaban cuentos fantásticos, y entre sombras veíamos aparecidos y creíamos todas esas historias.  Eso quedó en mí, además del gusto por la literatura fantástica.



La  obra poética de Francisco Pérez Perdomo, fundamentada en  la creación de  mundos alternos en los cuales las nociones de tiempo y espacio se trastocan; que tiene su complemento en la imagen del doble  y en la creación de universos fantásticos y suprareales, seguirá ofreciendo a los lectores la magia de los mudos posibles que el poeta plasmó en sus versos.