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lunes, 8 de agosto de 2011

La sátira en la poesía venezolana de la década del setenta. Algunos autores.






Carmen Virginia Carrillo


Publicado en: En América Cahiers du CRICCAL. La satire en Amérique latine formes et fonctions.  Volume 2. La satire contemporaine. Nª 38.  Paris: Presses de la Sorbonne Nouvelle. 2008. Pp. 27-33.
En los años setenta, en Venezuela se vive la consolidación democrática del país. La década se inicia con la materialización de los procesos de pacificación de la guerrilla alcanzada por el gobierno de Rafael Caldera. Durante la  primera  presidencia de Carlos Andrés Pérez el país vive  unos años de calma gracias a la bonanza alcanzada por al aumento de los precios del petróleo. 
En la medida en que la disidencia fue cediendo  y las instituciones culturales del Estado abrieron sus puertas a los artistas y escritores disidentes, éstos  pasaron a ocupar cargos en los diversos organismos culturales, editoriales, programas de televisión, revistas y universidades, talleres y becas. Muchos de aquellos artistas y escritores,  que en su momento representaron la insurgente vanguardia literaria,  alcanzaron lugares destacados dentro del campo literario.  
Algunos  de los poetas que se consolidaron en los años setenta habían comenzado a publicar sus trabajos en la década anterior y continuaban en la misma línea discursiva, sin embargo, aquellos que habían optado por el discurso subversivo  suavizaron el tono político y contestatario de sus versos, sin dejar de cuestionar las instituciones, pero haciendo uso de procedimientos textuales como de la ironía,  a través de los cuales demostraban su desacuerdo con los acontecimientos que ocurrían en el país, de una forma menos directa. Muchos de ellos alcanzaron la madurez de su escritura en las décadas posteriores.
Ya desde los años sesenta, tanto en Venezuela como en el resto de América, la poesía había adquirido fuertes vínculos con la historia contemporánea,  las vivencias inmediatas,  la ciudad y la cotidianidad en general. A su vez, algunos escritores, entre ellos los poetas, buscaban evaluar  la historia nacional y el acontecer socio-político arremetiendo contra ciertos vicios de la sociedad. A través de un humor a veces corrosivo, se enjuicia las convenciones de diversa índole, y se desmitifica a los grandes íconos de la vida pública nacional. 
En algunas de las manifestaciones de la poesía de los años setenta encontramos una marcada tendencia hacia el esteticismo, la poesía breve, elaborada y reflexiva. Nombres como el de Alfredo Silva Estrada, Eugenio Montejo, María Fernanda Palacios dan cuenta de estas tendencias. El gusto por el orientalismo tiene en Rafael Cadenas uno de sus más extraordinarios exponentes. Poesía intimista opuesta al exteriorismo de los años  sesenta, que todavía prosperaban entre algunos escritores cercanos al grupo artístico-literario El Techo de la Ballena.  Javier Lasarte le adjudica los siguientes rasgos: “Imagen del imposible fulgor, los cielos negados, la exclusión, la nocturnidad, la inmovilidad, la perplejidad, la intemperie, la paradoja, la palabra sintética en  y desde el silencio crispado. (Lasarte, 1999:277).
Como contrapunto de esta poética del lirismo interior, dominante de la década,  se escriben una serie de textos de marcado carácter satírico cuya intención es ridiculizar a las instituciones y sus representantes, a la par que  ponen en evidencia  la descomposición moral de las élites que conformaban el poder. Entre los escritores  que apuntaron hacia esta tendencia se encuentran Caupolicán Ovalles(1936-2001) y Víctor Valera Mora ,(1935-1984) de cuyas obras nos ocuparemos en esta oportunidad. 
Caupolicán Ovalles y Víctor Valera Mora pertenecieron, junto a Luis Camilo Guevara, José Barroeta, y Ángel Eduardo Acevedo a un grupo que se hacía llamar “la Pandilla de Lautréamont”; los  unía la amistad, el gusto por la bohemia y el deseo de prolongar, en  su ejercicio literario,  la inflexión iconoclasta característica de El techo de la ballena.  
Los textos  de Ovalles y Valera Mora atacan con severidad las normas que rigen a la sociedad y que, en la práctica, resultan injustas para un sector de la sociedad que no tiene acceso al poder y  sus beneficios.  El humor, la presencia de lo grotesco y el absurdo les permiten desenmascarar la realidad abyecta que se esconde tras la máscara de la rectitud y la coherencia oficiales. 
Como sabemos, el discurso satírico moderno, recurre a la utilización del sentido figurado para elaborar de su juicio, por lo que demanda una mayor participación del lector, quien debe revelar los sentidos ocultos. El texto satírico, al igual que el irónico, evita  la posibilidad de la  identificación entre el lector y el objeto que se pretende ridiculizar o la situación cuestionada y, de esta manera, logra que el sentido de la crítica sea más drástico. Por su parte la ironía establece, en el discurso poético, una oscilación entre lo íntimo (lo uno) y lo ajeno (lo disperso) (Abuín, 1998: 121).
Copa de huesos (1972) de Caupolicán Ovalles, obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en el género Poesía, en el año de 1973.  El libro reúne  poemas escritos en la década anterior, entre ellos  “Elegía a la muerte de Guatimocín, mi padre, alias el globo”, que ya había sido publicado por El techo de la ballena y textos inéditos, como el  que da nombre al libro. Algunos de estos textos siguen  la línea del tan cuestionado poema ¿Duerme Ud. Señor presidente? de 1962,  en el que Ovalles ridiculiza la figura del entonces presidente de Venezuela,  Rómulo Betancourt;   texto en el que se percibe una manifiesta intención de degradar el poder representado en la figura del presidente; discurso contra-hegemónico que da cuenta del conflicto socio- político reinante en los inicios de la democracia venezolana;  pone en duda la legitimidad de la moral y las leyes representadas en la figura del presidente y  escandaliza a través del sarcasmo y la burla directa:
El Presidente vive gozando en su palacio,
come más que todos los nacionales juntos
y engorda menos
               por ser elegante y traidor.
Sus muelas están en perfectas condiciones;
no obstante, una úlcera
le come la parte bondadosa del corazón
y por eso sonríe cuando duerme.
Como es elegido por voluntad de todos
los mayoritarios dueños de inmensas riquezas
es un perro que manda,
es un perro que obedece a sus amos,
es un perro que menea la cola,
es un perro que besa las botas
y ruñe los huesos que le tira cualquiera
             de caché.
Su barriga y su pensamiento
es lo que llaman water de urgencia.
Por su boca
corren las aguas malas
de todas las ciudades.
Con sus manos destripa virgos
                y
como una vieja puta
es débil y orgulloso de sus coqueterías.
         Se cree el más joven
y es un asesino de cuidado.
 (1972:61-64).


En uso de razón  (1963) es un  extenso poema de este libro, que nos permite ver cómo la poesía de Ovalles  busca cuestionar, a través de la sátira, la situación  que vive el país. Está escrito en catorce partes, trece de ellas subtituladas con la frase que da nombre al libro “EN USO DE RAZÓN”;  en algunas oportunidades ampliado como por ejemplo: “EN USO DE RAZÓN SE AVECINAN COSAS EXTRAÑAS”, “EN USO DE RAZÓN SE AVECINA EL CÁDILAC” y una última sección titulada: “TOCO BOTELLA PUES SOY AGUARDIENTOSO”.   En el texto se arremete, de forma agresiva e irreverente, contra las instituciones sociales representadas en personajes como  sacerdotes, monjas, capitanes, tenientes, doctores, ingenieros y diputados.
Si bien el tono sarcástico y la abyección son los predominantes, en algunos momentos el humor se apodera de la escena. La propuesta estética, fundamentada en la irreverencia y la perversión, quebranta los fundamentos éticos tradicionales, construye una nueva identidad personal, colectiva y nacional sobre las bases de la conciencia desbordada. La ironía constituye el procedimiento textual predominante.   La escritura de Caupolicán Ovalles transgrede la formalidad de la cultura institucionalizada,  a través de la ironía, el sarcasmo y el humor. Poesía contestataria que arremete contra  el poder y las instituciones. Escritura que hace uso de la oralidad, del discurso coloquial, con sus rupturas sintácticas y semánticas, que tiende a la narratividad.   El  tratamiento que Ovalles da a los temas históricos se adscribe a la actitud transgresora y subversiva de su poética, en tanto que utiliza  personajes que representan el poder hegemónico, para parodiarlos y cuestionar la verdad de los acontecimientos que la Historia ha institucionalizado. A través de la ironía[1] se degradan el poder,  las instituciones, la moral y las leyes.   
Los textos de Ovalles construyen un universo anárquico y libertino en el que se hacen presentes diversas formas de trasgresión. El poeta busca desacralizar el universo poético al distanciarse de los temas consagrados por la tradición y acercarse a lo marginal y lo sórdido con sarcasmo.

En las bodegas de fúnebres sombreros mean las cajas
         de cartón las cajas mujeres-de-fieltro
en su cosa mujeres-cielos-rasos sus sexos bombillas
         disparadas por el centro y cuelgan
además mujeres entre dientes de libidinosos perros
         manchados cuelgan además bodegas
(Ovalles, 1972: 57).

Copa de huesos, el poemario que cierra y da nombre al libro,  sigue la línea de los anteriores -poemas largos que juegan con la disposición tipográfica-  sin embargo, en esta oportunidad éstos van precedidos de textos muy cortos escritos en prosa. La novedad que este conjunto ofrece radica en los  textos  en prosa y en el diálogo que se establece entre los dos grupos de textos. En lo que respecta a los cortos, nos encontramos ante la presencia de un  discurso cuya retórica  simula una ´crónica de indias`, en ellos se construye un universo imaginario fundacional que comienza marcando sus fronteras: “Confina por el Norte con los países incógnitos” (Ovalles, 1972:192) luego describe la zona: “El aire es húmedo en la costa, pero sutil, puro y ligero conforme se acerca a las montañas. El temple es de primavera y del otoño es el más feliz; el invierno tiene días de un frío excesivo,  y el verano de un calor mortal. Lo que es menos tolerable es la plaga asombrosa de insectos asquerosos” (Ovalles, 1972:194).
Contrastando con el mundo descrito en los textos cortos,  los poemas largos, escritos en verso, muestran un mundo desarticulado, fragmentado y anárquico en el cual el absurdo de la muerte invade las escenas.  Como parte de esa compleja visión del mundo, en los poemas largos se establece una relación intertextual con la historia de España y con el proceso de la conquista y colonización de América. El hablante trastoca el orden de los acontecimientos y yuxtapone los tiempos -el pasado bajo el mando de la corona y el presente bajo la sumisión al imperialismo norteamericano- para cuestionar una  situación de dominio que se rechaza:
Será que nos estamos metiendo el dedo en la nariz
       todo el tiempo que desean
              los amansa cadáveres del norte?
              o será que ROCO FELLER es el Rey
               de España
               y tiene derecho y dominios sobre
               nuestro bello país?
¿He beisbeis?

¿IS O NO IS?
¿YULAIQUE?
     O
SERA QUE
DOÑA JUANA, POR LA GRACIA DE DIOS
REYNA DE CASTILLA, DE LEÓN,
DE GRANADA, DE TOLEDO, DE GALICIA,
DE SEVILLA, DE CÓRDOBA, DE MURCIA,
DE JAEN, DE LOS ALGARBES,
DE ALGECIRAS, DE GIBRALTAR, Y DE LAS
ISLAS DE CANARIAS, Y DE LAS INDIAS,  
ISLAS Y TIERRA FIRME DEL MAR OCÉANO

            ¿ESTÁ LOCA?
            y le ha dado de pleno derecho
            el disfrute
de todo
esto
a RICO FELLER?
 (Ovalle, 1972:209-210).           


El  tratamiento que Ovalles da a los temas históricos se adscribe a la actitud transgresora y subversiva de su poética, en tanto que utiliza  personajes que representan el poder hegemónico, para parodiarlos y cuestionar la verdad de los acontecimientos que la Historia ha institucionalizado.
La gloria de tener un tío Coronel
casi
casi todo se lo tiene resuelto
y algún contrabando también

¡TODO!

Esto si usted tiene la suerte de tener un tío
Coronel
Se multiplica
CUANDO ES JEFE DE LA FUERZA
O EL QUERIDO coronel

La vida o la patria nos lo llevan
A
NADA MENOS
         QUE
               CAPITÁN
                GE
                   NE
                       RAL
(Ovalles, 1972 :285)

Víctor Valera Mora (Valera, 1935-1984), el Chino Valera, estudió en la Universidad Central de Venezuela en los años en que comenzaban a organizarse los movimientos subversivos. En 1961 se graduó de  sociólogo; ese mismo año  se incorporó a la célula de guerrilla urbana y publicó su primer poemario, Canción del soldado justo; una década más tarde apareció Amanecí de bala,  luego vendrían Con un pie en el  estribo (1972) y 70 poemas stalinistas  (1979) que obtuvo el premio CONAC de Poesía en 1980. Poesía lúdica que desmitifica a los grandes íconos de la vida pública nacional, que se ubica en la periferia de la institucionalidad y desde ahí arremete contra los valores tradicionales, se burla de ciertos mitos y convenciones sociales para luego proponer un nuevo orden, el de la Revolución.
Al igual que Ovalles, Valera Mora, desacredita ciertos valores  sociales y políticos a través de la sátira. En sus textos se cuestiona y ridiculiza  la actuación de los grandes jerarcas de la Iglesia  y de la política y se pone en evidencia  el contraste entre las clases. La imagen del antihéroe que encontramos en “Amanecí de bala”, texto que da nombre al  poemario, pone en evidencia el giro que da  la escritura de Valera Mora de una a otra década:

Amanecí de bala
amanecí bien magníficamente bien todo arisco
hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja
mi vida toda la cambiaría por la cabellera de esa mujer
alta y rubia cuando vaya a la Facultad de Farmacia se lo diré
seguro que se lo diré asunto mío amanecer así
(Valera Mora, (1971) 1994:177).


El entusiasmo revolucionario cede paso al escepticismo cuestionador, sin que por ello abandone la actitud comprometida. La ironía y el sarcasmo serán, en su segundo libro, los instrumentos filosos de la denuncia. Para ese entonces,  Valera Mora se había distanciado del partido comunista venezolano, que había abandonado la lucha armada, y se había adherido al movimiento que se mantenía  en el combate:  el Partido de la Revolución Venezolana y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (PRV-FALN),  fundado por Douglas Bravo, Fabricio Ojeda y Francisco Prada en 1966.
Su poesía,  mezcla de  irreverencia y militancia, quería llegar a un público amplio y variado, de ahí el uso de un lenguaje directo, con predominio del tono narrativo, escrito en oportunidades en versos largos que muchas veces adquieren un ritmo recitativo o en versos muy cortos. Sus poemas rompen con el tono grandilocuente característico de la poesía política y construyen un universo discursivo en el cual los ideales revolucionarios se articulan desde lo cotidiano y lo inmediato. Así dirá en El Apocalipsis según san Eduardo Gorila Frei” :
Bienaventurados los que lavan las manos manchadas con la sangre
de los patriotas chilenos
           para tener derecho al árbol de los crímenes
y entrar por la puerta que da acceso al reino de las escatologías.

Fuera obreros, campesinos, estudiantes, artistas, sabios
           y todos los que aman y practican la verdad.
(Valera Mora, 1994:271)

En la poesía de Valera Mora  se parodian distintas formas discursivas, entre ellas, la historia, la tradición literaria, el discurso tecnológico,  el western y el discuros político.
Encontramos también ciertos juegos de lenguaje en los que la intertextualidad paródica da cuenta de una tradición cultural de la que el autor se ha apropiado para re-figurarla  en un contexto propio, como ocurre con estos versos que parodian el famoso poema de Mallarme “Un golpe de dados”:  “Un golpe de chigüire en el azar/jamás podrá abolir el codillo” (Valera, 1994:241).
En el caso de Valera Mora la ironía y el sarcasmo dan cuenta de una postura ética que se niega a abandonar los ideales revolucionarios y rechaza la postura no comprometida de los escritores e intelectuales, tal como puede verse en estos poemas:
Juego Limpio
Los escritores que le viven
Buscando cuatro patas
Al triángulo y luego dicen
Que no les importa la política
Deberían cortarse los cojones
Y echárselos a los cochinos
(Valera, 1994: 275)

Ciencia triste
Ciertos economistas venezolanos
Se rebanan los sesos
Hablando del producto nacional bruto
Esos pobre diablos lenguas de palo
Deberían de una vez por todas
Hablar del producto colonial inteligente
Y empatarse en una de liberación.
(Valera, 1994:268)
El carácter irreverente y desenfadado del discurso poético de estos dos integrantes de La pandilla de Lautrémont enfatiza la actitud cuestionadora del hablante frente a unas estructuras de poder que se rechazan. En los textos, a través de la parodia y la sátira, se  ponen en entredicho los valores consagrados y  se degradan roles, figuras, jerarquías. 


BIBLIOGRAFÍA:

ABUÍN GONZÁLEZ Ángel. 1998. “El poeta como homo duplex: Ironía romántica y
      multiplicidad enunciativa”. En  Fernando Cabo  Aseguinolaza,  Germán Guillón
     (Eds.): Teoría del poema: la enunciación lírica. Ámsterdam: Rodopi. Pp. 111-158.

LASARTE, Javier. 1999. “Trayecto de la poesía venezolana de los ochenta: de la noche a
      la calle y vuelta a la noche”. En Kart Kohud (ed.) Literatura venezolana hoy. Historia
      nacional y presente urbano. Madrid: Iberoamericana. Pp. 277-291.

NOGUEROL, Francisca. 1995. La trampa en la sonrisa. Sátira en la narrativa de
       Augusto Monterroso. Salamanca: Universidad de Sevilla.

OVALLES, Caupolicán.  1972. Copa de huesos. Caracas: La gran papelería del mundo.

VALERA MORA, Víctor. 1994. Obras completas. Caracas: Fundarte




[1] Pierre Schoentjes  explica la concepción que tiene Schaerer de la ironía en tanto mecanismo de desdoblamiento. Considera Schoentjes que para Schaerer el dualismo es fundamental  ya que a través del mismo  “busca encontrar las implicaciones examinando los juegos de inversión que conducen a la paradoja y al equívoco.” (Schoentjes, (2001) 2003:40).

         
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martes, 12 de abril de 2011

Amor y revolución en la poesía de Víctor Valera Mora.


Víctor Valera Mora (Valera, 1935-1984), alias el Chino Valera, estudió en la Universidad Central de Venezuela en los años en que comenzaban a organizarse los movimientos subversivos. La universidad constituía un espacio privilegiado para los adeptos a la izquierda, allí se involucró el poeta con la causa revolucionaria. En 1961 se graduó de  sociólogo; ese mismo año  se incorporó a la célula de guerrilla urbana que apoyaba al frente armado “José Leonardo Chirinos” y publicó su primer poemario, Canción del soldado justo; una década más tarde apareció Amanecí de bala,  libro que reúne  poemas escritos en los sesenta; luego vendrían Con un pie en el  estribo (1972) y 70 poemas stalinistas  (1979) que obtuvo el premio CONAC de Poesía en 1980.
La obra del poeta trujillano ha sido descrita  por Javier Lasarte como “una bisagra entre dos momentos: cierre y apertura”. En una hoja de la bisagra coloca a  la vanguardia  de los años sesenta, en la otra aglutina Lasarte las características de la obra de Valera Mora que lo convirtieron en “referencia persistente en los poetas más jóvenes, visible por ejemplo en trabajos de los ochenta y posteriores” (1994:11-12). 
El poeta de la solidaridad revolucionaria, el guerrillero de la palabra, comparte los ímpetus de su generación y compromete su verbo en pro de los ideales. Su palabra fácil, en la que lo inmediato, lo inacabado y hasta el mal decir tienen cabida, logró un profundo calado en los lectores, convirtiéndose en referencia inevitable de la poesía venezolana de las últimas  tres décadas del siglo XX y ha tenido un gran despliegue editorial   en la actual coyuntura política del país.
Víctor Valera Mora, José Barroeta, Caupolicán Ovalles, Luis Camilo Guevara y Ángel Eduardo Acevedo conformaron un grupo que se hacía llamar “la Pandilla de Lautréamont”; los  unía la amistad, el gusto por la bohemia y el deseo de prolongar, en  su ejercicio literario,  la inflexión iconoclasta característica de los grupos que les precedieron.
            Canción del soldado justo nos introduce, desde el mismo título, en lo que constituye una de las vertientes de la obra de Víctor Valera Mora: la poesía política; el discurso comprometido,  testimonial y contestatario que gusta del panfleto y de la arenga revolucionaria. En la otra vertiente estará la poesía amorosa, palabra del deseo y la pasión, reino privilegiado en el que la figura femenina se desliza con soltura y erotismo.  Estos dos polos semánticos, a ratos se mezclan y confunden en el afán innovador de Valera Mora, en su intención subversiva y transgresora. Así revolución, amor y poesía constituirán  la tríada sobre la que se teje esta obra militante, atrevida y vital.
Ya  desde su primer poema, titulado “Comienzo”, incorpora la terminología marxista a sus versos:

La lucha de clases. Los grandes monopolios imperialistas.
Los malditos muñones de la generación del 28
que tanto daño nos han hecho.
El policía del parque, los enamorados están
en la posibilidad de iniciar el terrorismo.
El recuerdo desde la llanura, caballo
llorando sangre recomenzada. Triste cuestión.
Este asunto de llevar una guitarra bajo el brazo.
La libertad de morirse de hambre doblemente.
Aquiles el escudero de la ternura
últimamente se ha dado muy duro en el alma.
Esto nos obliga a hablar
el más terrible de los lenguajes.
Hacer de la poesía un fusil airado, implacable
hasta la hermosura.
No hay otra alternativa,
la caída de un combatiente popular
es más dolorosa que el derrumbamiento
de todas las imágenes.
Cuando el pueblo tome el poder, veremos qué hacer,
mientras tanto sigamos en lo nuestro
    (25).


     La poesía se radicaliza en el tema de la revolución. En este primer trabajo de Valera Mora la selección de las referencias está claramente marcada por su orientación ideológica, así tenemos la figuración del mundo de la guerrilla, con Cuba como modelo y en el otro lado del par oposicional, el imperialismo norteamericano como el enemigo más feroz: 

En esta mesa todos los poetas del mundo,
declaramos en vuelo de aeroplano:
¡POESÍA O MUERTE, VENCEREMOS!
El poema es una isla: CUBA
(46).


    A través de la sátira desacredita a las instituciones sociales y políticas, sus representantes son cuestionado y ridiculizados a la par que pone en evidencia  el contraste entre las clases :

El cardenal en palacio con su barriga repleta.
Los social cristianos ahítos de carne humana.

Banqueros empresarios gerentes usureros
con las barrigas  rebosantes de plenitud
(…)
Somos miles y miles de desempleados,
millones de campesinos sin tierra,
los obreros recibiendo su salario de miseria
al final de cada jornal de muerte
(50).


    El hablante poético se sitúa en las filas de la revolución, toma su arma -la palabra- y se dispone a la lucha. Se autodenomina “Poeta militante del Partido del hombre”  (Valera Mora,1994:41) y  se identifica explícitamente con el pueblo: “Nosotros los poetas del pueblo,/cantamos por mil años y más…” (31). Su tiempo es el presente, su espacio, Venezuela “Maravilloso país en movimiento/ donde todo avanza y retrocede” (30), “En este país humillado al extremo/ …/ En este país donde suceden más poetas/ que kilómetros cuadrados/…/ En esta país donde siempre fui un arbolario/ un mal incendio un inesperado voladizo” (198).
   El yo lírico nos habla de un colectivo revolucionario que persigue el ideal de una sociedad más justa y de sí mismo en tanto que  activista de la causa,  creador,  y  sujeto amante. En la poesía de Valera Mora el compromiso político[1] es asumida a cabalidad,  sin que ello conlleve  un menoscabo de la poeticidad[2]. En el poema “Canción del soldado justo”,  por ejemplo, la función referencial es predominante; el hablante busca inducir a sus lectores a la persistencia en la lucha, una lucha que se está llevando a cabo en el momento en que el texto es publicado; el poema tiene una función, si se quiere, propagandística y panfletaria, sin embargo  la estructuración interna del mismo sigue los principios básicos de la  función poética, es decir el principio de la equivalencia en el orden sintagmático[3] y hace uso de figuras retóricas y  tropos para la construcción del texto:

A los montes me voy, me voy completo
y espero regresar de igual manera.

Si me cortan las piernas y las manos
asiré el caminar con los anhelos.
Si me arrancan los ojos y la lengua
nueva guitarra agitará banderas.

Si me quitan la tierra donde piso,
yo vengo desde un río de asperezas
que antes me llevó y ahora me lleva.

Si me tapan los oídos con que oigo
a mis hermanos pálidos y hambrientos,
hablaré seriamente con el aire
para que se abra paso hasta los sesos.

Y si una bala loca se enamora
de mis sienes violentas,
yo seguiré pensando con los huesos.

Me voy a despeñar sobre los crueles
que han hecho de la patria un agujero
y si no asiste el pecho a la camisa
y me matan de muerte sin lucero,
esperadme, os lo pido caminando,
que yo regresaré como los pueblos
     cantando y más cantando y más cantando
     (56).

La imagen heroica del hablante valeroso y tenaz que nos ofrece el poema contrasta con la representación del antihéroe que encontramos en “Amanecí de bala”:

Amanecí de bala
amanecí bien magníficamente bien todo arisco
hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja
mi vida toda la cambiaría por la cabellera de esa mujer
alta y rubia cuando vaya a la Facultad de Farmacia se lo diré
seguro que se lo diré asunto mío amanecer así
(177).


   Estos dos poemas, que dan nombre a los respectivos libros, ponen en evidencia el giro que da  la escritura de Valera Mora entre una y otra publicación.  El entusiasmo revolucionario cede paso al escepticismo cuestionador, sin que por ello abandone la actitud comprometida. La ironía y el sarcasmo serán, en su segundo libro, los instrumentos filosos de la denuncia. Para ese entonces,  Valera Mora se había distanciado del partido comunista venezolano, que había abandonado la lucha armada, y se había adherido al movimiento que se mantenía  en el combate:  el Partido de la Revolución Venezolana y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (PRV-FALN),  fundado por Douglas Bravo, Fabricio Ojeda y Francisco Prada en 1966.
   Su poesía,  mezcla de  irreverencia y militancia, quería llegar a un público amplio y variado, de ahí el uso de un lenguaje directo, con predominio del tono narrativo, escrito en versos largos que muchas veces adquieren un ritmo recitativo. Sus versos rompen con el tono grandilocuente característico de la poesía política y construyen un universo discursivo en el cual los ideales revolucionarios se construyen desde lo cotidiano y lo inmediato[4]. En reiteradas oportunidades nos encontramos  con una sintaxis abrupta que busca reproducir el fluir de la conciencia; poesía conversacional que utiliza  inflexiones del lenguaje oral:

hoy una morena de belleza agresiva me dijo que si estás lindo
entonces yo le dije acaso no sucede cada dos mil años pierdo el hilo
día de advenimiento de locos combates de amor a altas temperaturas
desnudos nos hundimos en las aguas del mismo río
(177).


   En la estrofa citada encontramos otra de las características de la poesía de Valera Mora: la intertextualidad paródica, de la que hablaremos más adelante. El tono confesional estará presente en toda su obra. Un yo lírico que dialoga con un tu, a ratos explícito, que se desnuda ante el lector y construye una imagen irónica de sí mismo:
Señores,
soy poco acostumbrado a llorar
y cuando sucede,
me llora hasta el pelo y la camisa.
No es mi deseo dar pie
Para que los ríos guarden un minuto de silencio por mi tristeza
(41).

   En los textos la revolución representa no sólo un valor ideológico, sino también ético e incluso estético. El discurso poético entabla un diálogo intertextual con otros discursos, entre ellos la historia y la sociología, el carácter reflexivo se apodera entonces de los versos. El poema titulado “Yo justifico esta guerra” hace una relación de un período crucial de la historia del país: el paso de la dictadura a la democracia y el inicio de la lucha revolucionaria.  El texto está dividido en cinco partes; en las cuatro primeras los extensos versos narran los acontecimientos a la par que analiza y polemiza sobre ciertos temas de corte sociológico:

Sabemos que en el infierno del subdesarrollo
toda crueldad es posible
pero no somos la generación de los inmolados
ni nuestros dolores huyen con las armas bajas
y desenterramos el hacha de la guerra
porque el drama venezolano no es cábala
ni enigma ni creación de bellas cosas para el placer
nuestra suerte está signada por el despojo
fluctuante en las estadísticas de los porcientos
(65).

 La quinta parte rompe con el estilo expositivo de las anteriores. Escrita en forma de letanía, repasa la historia del hombre a partir de las dos matrices fundamentales de su poesía: el amor y la confrontación entre opresores y oprimidos. Menciona acontecimientos puntuales en el devenir de la civilización occidental; comienza con  las cuevas de Altamira, pasa por todos los movimientos revolucionarios del mundo y termina en Venezuela, anunciando un nuevo futuro:

Estrella de las armas liberadas
Estrella de las montañas de Falcón
Estrella de las montañas de Portuguesa
Estrella de las serranías de Lara
Estrella de Oriente
Saludos cordiales, estrella de los libres
Hoguera incansable mar de aristas
Huracanado drama que nos conmueve
Inscrita en la más alta colina de nuestros actos

Sol del mundo que haremos
Los que van a vivir te saludan
(69).


En este poema, como en otros textos del autor sobre tema histórico, se plantea una lectura de la realidad y del pasado desde la perspectiva de la lucha de clases y la relación entre explotadores y explotados y se propone un futuro utópico bajo el predominio de la Revolución. Una visión optimista de la lucha armada que enmarca los acontecimientos nacionales en un contexto  internacional.
En los poemas de temática amorosa, generalmente escritos con versos cortos, la analogía es una de las estrategias preferidas. El autor recurre a analogías entre elementos de ámbitos muy variados El arte occidental, en sus distintas manifestaciones, se convierte en referencia significativa dentro de las mismas. Esta combinación de un discurso antipoético con referencias cultas produce un efecto de disonancia en los poemas:

Se fue Botticelli sin conocerte
y el apasionado Modigliani
no reveló tu cuerpo desnudo
Yo me cierro en tus ojos
(106). 


La Biblia, el arte gótico, el Art Nouveau, Bizancio, Heráclito, Epiménides, Vivaldi, Beethoven,  Franz Fanon, serán convocados para hablar de la amada. En otras oportunidades la mujer será descrita como  “gaviota en celo” (105) y será comparada con elementos de la tecnología: “y tu corazón gemía como un jet y yo sin poder hacer nada”  (83). La mezcla en una misma imagen de lo humano y lo animal, o lo humano y la máquina   refuerzan la disonancia[5] de los textos. Sin embargo, el más emblemático de los poemas de amor de Víctor Valera Mora, “Oficio puro”,  está escrito en un lenguaje directo, sin ningún artificio poético. Creemos que la proyección que este texto ha tenido en el público por décadas se debe a las resonancias que las frases interrogativas despiertan. La estructura del poema genera un espacio de indeterminación amplio. El hablante logra despertar la curiosidad del lector y lo hace cómplice de su intimidad, al cuestionarse, a lo largo del poema,  sobre las  acciones y actitudes que asume una mujer después de hacer el amor, sin dar ninguna respuesta:

Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella
De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho el amor
De qué modo se sienta una mujer que recién ha hecho el amor
Saludará a sus amistades
Pensará que en otros países está nevando
Encenderá y consumirá un cigarrillo
Desnuda en el baño dará vuelta a la llave del agua fría o del agua caliente
Dará vuelta a las dos a la vez
Cómo se arrodilla una mujer que recién ha hecho el amor
Soñará que la felicidad es un viaje por barco
Regresará a la niñez o más allá de la niñez
Cruzará ríos montañas llanuras noches domésticas

Dormirá con el sol sobre los ojos
Amanecerá triste alegre vertiginosa
Bello cuerpo de mujer que no fue dócil ni amable ni sabio
(81).


Otra de las líneas temáticas de la poesía de Víctor Valera Mora es la autorrepresentación;  en la  imagen que erige de sí mismo, el poeta se muestra como un antihéroe inconforme y  contradictorio. Esta construcción se corresponde con la actitud transgresora  que orienta  la vida y la obra del autor.

…
Ahora soy el distinto de siempre
El prodigio de siempre
Codificando incendios bajo la lluvia
(194).

Acepto que me burlo de casi todo y de todos
Porque el enamorado lúcido soy yo
El más nefasto azar
Por eso el próximo balazo me pertenece
(189).
                                           

En algunos poemas de Valera Mora el yo lírico plantea la orientación que el escritor quiere dar a su poesía. En su discurso metapoético, además  de reflexionar sobre la naturaleza del género, propone una nueva escritura poética que combine el compromiso  exaltado y agresivo[6] con una imaginación desbordada y  audaz. El poeta ejerce el doble rol de creador y teórico en una obra que se ofrece polémica y controversial. La conciencia crítica que el hablante demuestra en los poemas se agudiza en la autorreflexión que desarrolla en los metapoemas:

Aun en medio de las más terribles tormentas
siempre he optado por defender
la dignidad de la poesía
Volverla a sus orígenes
A su deslumbrante cuchilla de muchos filos
(185).

En poesía cuando hables de los imbéciles
no vaciles en estrujar sus rostros
con estropajos impregnados de ácidos de batería
luego como si no bastara
acúñales la palabra remaldificiencia
Pero no hables
de los innumerables amores muertos
sofrena esa lengua tuya y cuídate mucho
existen mujeres que nos inducen a la novela
(188).


    Ya habíamos mencionado en páginas anteriores la presencia del procedimiento textual que la crítica ha catalogado como “intertextualidad paródica”[7] en la escritura de Valera Mora.  Las fronteras entre los géneros se borran, así encontramos refranes, frases hechas, crónica, cuento, reflexión crítica dispuestos como un gran palimpsesto que habita en el amplio marco del  poema. Esta particular forma de hacer poesía recorre toda su poesía, sin embargo en los textos agrupados bajo el subtítulo de “Ve y atrapa una estrella volante” (1965-1967) juega un papel fundamental. En los ocho poemas que componen el apartado se parodian distintas formas discursivas, entre ellas, la historia, el discurso tecnológico, el de mercadeo, el western y el político.
    La tendencia hacia lo autobiográfico va a condicionar el principio de construcción de algunos de los textos, ya que entre el yo lírico y el yo autobiográfico se genera una tensión. La historia individual, las experiencias vividas se convierten en el reservorio al que se recurre el autor para construir su autoimagen     pública.
    La poesía de Valera Mora se nutre de fuentes diversas, entre ellas la antipoesía de Nicanor Parra[8] y Ernesto Cardenal, la poesía conversacional de Pablo de Rokha, el creacionismo de Huidobro, el simbolismo y el surrealismo franceses y la generación Beat.  Estos autores formaban parte de un repertorio  de lecturas  que se constituyó en referencia obligada de los miembros de este grupo literario.
    La fuerza simbólica de la obra de Valera Mora se combina con una referencialidad inmediata que registra acontecimientos, fechas, lugares y nombres de personajes. Poesía lúdica que desmitifica a los grandes íconos de la vida pública nacional, que se ubica en la periferia de la institucionalidad y desde ahí arremete contra los valores tradicionales, para luego proponer un nuevo orden, el de la Revolución.


BIBLIOGRAFIA:


ADORNO, Theodor. 1983. Teoría Estética.. Barcelona: Orbis. (1970).

FERNÁNDEZ, Teodosio. 1990. La poesía hispanoamericana en el siglo XX. Madrid:
            Taurus.

FRIEDRICH, Hugo. 1974. Estructura de la lírica moderna. Barcelona: Seix
            Barral. (1956)

GARCÍA CANCLINI, Néstor. 1979.  La producción simbólica, teoría y método en
            sociología del. arte. México: Siglo XXI

JAKOBSON, Roman. 1974. “Linguistics and poetics”. En T. A. Sebeok. Estilo del
            lenguaje. Madrid: Cátedra. (1959)

_________________. 1973. Questions de poétique. París: Seuil.


LASARTE, Javier. 1994. “El “impecable caballero de las tinieblas”. Valera Mora, el
             Último de los vanguardistas). En  VALERA MORA, Víctor. Obras completas.   
             Caracas: Fundarte.

LOTMAN, Yuri. 1978. Estructura del texto artístico. Madrid: Istmo. (1970)

VALERA MORA, Víctor. 1994. Obras completas. Caracas: Fundarte.

ZAMBRANO COLMENARES, Eduardo. 2002. “Fiesta y subversión creadora en la
            vanguardia venezolana del sesenta”. En América, cahiers du CRICCAL, nº 28.
            París: Conseil Scientifique de l´Université de Paris III et Centre National des
            lettres.



[1] Esta tendencia hacia la literatura comprometida se generalizó en la década del sesenta  en  la medida en que los escritores  se involucraron en los procesos socio-políticos del continente. A propósito de las relaciones que se establecieron en Latinoamérica entre el arte y la sociedad, en estos años, dice  García Canclini: “El crecimiento de los conflictos sociales profundizó la toma de conciencia de artistas e intelectuales, su crítica al proceso y la búsqueda de alternativas. ”  (1979: 36). Las intenciones estéticas, políticas y éticas de los escritores apuntaban a una misma toma de posición subversiva.

[2] Si recordamos la función poética era aquella que orientaba el acto comunicacito hacia "el lenguaje
como tal" (Jakobson, 1974:135), sin embargo en la poesía política esta función pareciera no ser tan explícita, en tanto que la comunicación del mensaje es fundamental para su propósito. La poesía política busca una proyección pública y adquiere legitimidad  en la medida de la  influencia que ejerza sobre los lectores.
[3] A este respecto ver los trabajos de Roman  Jakobson Questions de poétique (1973) y  Yuri Lotman  Estructura del texto artístico (1970).
[4] Zambrano Colmenares ha comentado respecto de la poesía de Valera Mora: “Aparte del sentido celebratorio o de la clarísima intención ideológica y capacidad demoledora que pueda haber en su poesía, esto de la memoria y la extraordinaria capacidad para convertir el texto poético en un poderoso instrumento oral, hizo literalmente que su poesía fuera una protesta y una fiesta a la vez” (2002:100).
[5] Hugo Friedrich, en su obra Estructura de la lírica moderna (1956) 1974, describe la aparición de estas disonancias en los poetas modernos. La idea de la disonancia había sido desarrollada por Theodore Adorno en su Teoría estética (1970) 1983.
[6] Javier Lasarte la ha descrito como “poesía otra, herética, terrorista.” (1994:12).
[7]  “intertextualidad paródica: “ese proceder mediante el cual un discurso se apropia premeditada y alevosamente de otro ajeno para darle una función y/o sentido nuevos.” (Lasarte, 1994:14).

[8] Sobre el tema de la antipoesía de Parra cf. T Fernández, 1990. La poesía hispanoamericana en el siglo XX.