sábado, 20 de agosto de 2011

Crímenes de Barrera Tyszka

Publicado en TalCual

Sábado y Domingo
Sábado 20 de Agosto de 2011 | 15

Sábado y Domingo

LITERALES

Crímenes
de Barrera Tyszka,
o la indagación estética en el absurdo y la violencia



CARMEN VIRGINIA CARRILLO

A lberto Barrera Tyszka construye, en su libro Crímenes (2009), un universo de personajes y situaciones donde la violencia, el absurdo y el desconcierto se erigen en los ejes alrededor de los cuales se articulan las historias narradas.

En el primer cuento, "La nada", enfrentamos la extrañeza de una joven pareja que descubre "cuatro gotas de sangre sobre la alfombra". Esa inusitada presencia, además de la falta de explicaciones lógicas o inmediatas, va generando en los personajes un particular temor hacia lo desconocido. Los indicios de una otredad aterradora se van anunciando con disimulo y generan en el espectador una dosis de suspenso que le lleva a descubrir, ya al final del texto, el horror de esos dos seres que viven la culpa de la pérdida del hijo desde la paradoja y el desgarramiento de la muerte en vida, personificada en el vampirismo.

"Cuando tratamos de nombrar al bien, todo se vuelve artificial, el lenguaje mismo parece levantar suspicacias", dice el narrador de "La correspondencia ajena", texto que relata la historia de Federico Aranguren, un hombre bueno y optimista que se asoma al mundo del crimen a través de un programa de lectura y escritura creativa en la cárcel del Oeste. Cierto día, al asistir al taller, el protagonista queda atrapado en medio de una revuelta. A partir de ese momento su visión del mundo cambia.

En este relato, al igual que en "Balas perdidas", "Escritores famosos" y "Las venas abiertas", Barrera reconstruye escenarios de un país que ha hecho de la violencia un acontecimiento cotidiano. Personajes que nos resultan familiares se enfrentan a la violencia política, al fanatismo ideológico, el hampa común y a otras formas más sofisticadas de fechorías. Una escritura que desvela la carga de odios, resentimientos y desatinos que vivimos. El lado oscuro de la sociedad es ficcionalizado con imágenes cinematográficas y un lenguaje preciso, sin que ello implique dejar de lado ese toque poético que ha caracterizado la escritura de Barrera.

No podían estar ausentes la traición amorosa y el crimen pasional. El instinto que lleva al hombre más allá de cualquier forma de lealtad aparece en "Una historia mexicana" y en "¿Por qué a las mujeres no les gustan las películas pornográficas?".

En ambas historias somos testigos de la infidelidad de los personajes. En la primera, Hilda traiciona a Lencho con Javier, su mejor amigo. En la segunda, Adriana descubre, frente a la sala de terapia, donde se encuentra su esposo herido de gravedad, que él tenía una amante. En el quinto piso del mismo hospital, se encuentra un hombre con cáncer. El relato abre y cierra con la imagen abyecta de este hombre cuyo "pene, hinchado, cuelga vencido hacia las sábanas". La actitud del enfermo perturba a la protagonista. La escena final evidencia el estado de degradación de un cuerpo condenado a la mutilación. La condición masculina es interpretada desde la sexualidad desbordada y abyecta que conduce a la muerte.

En "Un asunto sentimental" la rutinaria vida de Emilio Arcaya es alterada por la presencia de una mujer que bebe sola en la barra del bar Oasis. La fascinación que ejerce sobre el protagonista esta desconocida, le hará ir tras ella, mientras es perseguida por dos hombres, en su huída hacia un callejón. Emilio sólo encuentra una mano de mujer, que se ha de convertir en el fetiche a través del cual revive la traumática experiencia del abandono de Gisela, su mujer. Al final del relato, en un juego de ambigüedades, la joven de la mano y Gisela parecieran ser la misma persona.

Otros dos cuentos nos transportan al mundo de la alteridad: En "Perros", un hablante en primera persona relata el incidente con el que se inicia la historia: La transformación del personaje quien, sin ningún motivo, comienza a sentir "un apetito especial por todo lo que fuera canino".

El absurdo se manifiesta en la cotidianidad de este hombre sin que percibamos asombro alguno ante su deseo inesperado de morder perros. Es la aceptación de la paradoja asumida como normalidad.

El relato "Anoche" alude al sinsentido de los sueños y cómo éstos parecieran manifestar un deseo inconsciente. En oportunidades, no logramos determinar si la ilusión del sueño es causa o consecuencia de la realidad que el mismo concibe. Desde la primera línea nos enfrentamos a la paradoja de la existencia del protagonista, quien se ve arrastrado por el absurdo de una sospecha que lo angustia: En la pesadilla Manuel atropella a un niño mientras conduce ebrio. "no sabe si es un sueño o si es un recuerdo. La duda lo inquieta y le lleva a deambular en su carro, de noche, por las calles de la ciudad.

En Crímenes, como en el resto de su obra narrativa, Barrera muestra múltiples aspectos de la transgresión en contextos donde lo insólito, y en oportunidades lo fantástico, que pareciera tener resonancias en la tradición representada por Felisberto Hernández, Borges, Cortázar, y Julio Garmendia, irrumpe de forma inesperada, mientras el absurdo toma posesión de la existencia de los personajes. El autor hace ciertos guiños al lector buscando su complicidad, invitándolo a participar activamente en construcción de las historias. Los finales abiertos, los espacios de indeterminación, las reflexiones sobre el oficio de la escritura y a la relación realidad-literatura enriquecen estos textos que de principio a fin mantienen al lector en suspenso.

lunes, 8 de agosto de 2011

La sátira en la poesía venezolana de la década del setenta. Algunos autores.






Carmen Virginia Carrillo


Publicado en: En América Cahiers du CRICCAL. La satire en Amérique latine formes et fonctions.  Volume 2. La satire contemporaine. Nª 38.  Paris: Presses de la Sorbonne Nouvelle. 2008. Pp. 27-33.
En los años setenta, en Venezuela se vive la consolidación democrática del país. La década se inicia con la materialización de los procesos de pacificación de la guerrilla alcanzada por el gobierno de Rafael Caldera. Durante la  primera  presidencia de Carlos Andrés Pérez el país vive  unos años de calma gracias a la bonanza alcanzada por al aumento de los precios del petróleo. 
En la medida en que la disidencia fue cediendo  y las instituciones culturales del Estado abrieron sus puertas a los artistas y escritores disidentes, éstos  pasaron a ocupar cargos en los diversos organismos culturales, editoriales, programas de televisión, revistas y universidades, talleres y becas. Muchos de aquellos artistas y escritores,  que en su momento representaron la insurgente vanguardia literaria,  alcanzaron lugares destacados dentro del campo literario.  
Algunos  de los poetas que se consolidaron en los años setenta habían comenzado a publicar sus trabajos en la década anterior y continuaban en la misma línea discursiva, sin embargo, aquellos que habían optado por el discurso subversivo  suavizaron el tono político y contestatario de sus versos, sin dejar de cuestionar las instituciones, pero haciendo uso de procedimientos textuales como de la ironía,  a través de los cuales demostraban su desacuerdo con los acontecimientos que ocurrían en el país, de una forma menos directa. Muchos de ellos alcanzaron la madurez de su escritura en las décadas posteriores.
Ya desde los años sesenta, tanto en Venezuela como en el resto de América, la poesía había adquirido fuertes vínculos con la historia contemporánea,  las vivencias inmediatas,  la ciudad y la cotidianidad en general. A su vez, algunos escritores, entre ellos los poetas, buscaban evaluar  la historia nacional y el acontecer socio-político arremetiendo contra ciertos vicios de la sociedad. A través de un humor a veces corrosivo, se enjuicia las convenciones de diversa índole, y se desmitifica a los grandes íconos de la vida pública nacional. 
En algunas de las manifestaciones de la poesía de los años setenta encontramos una marcada tendencia hacia el esteticismo, la poesía breve, elaborada y reflexiva. Nombres como el de Alfredo Silva Estrada, Eugenio Montejo, María Fernanda Palacios dan cuenta de estas tendencias. El gusto por el orientalismo tiene en Rafael Cadenas uno de sus más extraordinarios exponentes. Poesía intimista opuesta al exteriorismo de los años  sesenta, que todavía prosperaban entre algunos escritores cercanos al grupo artístico-literario El Techo de la Ballena.  Javier Lasarte le adjudica los siguientes rasgos: “Imagen del imposible fulgor, los cielos negados, la exclusión, la nocturnidad, la inmovilidad, la perplejidad, la intemperie, la paradoja, la palabra sintética en  y desde el silencio crispado. (Lasarte, 1999:277).
Como contrapunto de esta poética del lirismo interior, dominante de la década,  se escriben una serie de textos de marcado carácter satírico cuya intención es ridiculizar a las instituciones y sus representantes, a la par que  ponen en evidencia  la descomposición moral de las élites que conformaban el poder. Entre los escritores  que apuntaron hacia esta tendencia se encuentran Caupolicán Ovalles(1936-2001) y Víctor Valera Mora ,(1935-1984) de cuyas obras nos ocuparemos en esta oportunidad. 
Caupolicán Ovalles y Víctor Valera Mora pertenecieron, junto a Luis Camilo Guevara, José Barroeta, y Ángel Eduardo Acevedo a un grupo que se hacía llamar “la Pandilla de Lautréamont”; los  unía la amistad, el gusto por la bohemia y el deseo de prolongar, en  su ejercicio literario,  la inflexión iconoclasta característica de El techo de la ballena.  
Los textos  de Ovalles y Valera Mora atacan con severidad las normas que rigen a la sociedad y que, en la práctica, resultan injustas para un sector de la sociedad que no tiene acceso al poder y  sus beneficios.  El humor, la presencia de lo grotesco y el absurdo les permiten desenmascarar la realidad abyecta que se esconde tras la máscara de la rectitud y la coherencia oficiales. 
Como sabemos, el discurso satírico moderno, recurre a la utilización del sentido figurado para elaborar de su juicio, por lo que demanda una mayor participación del lector, quien debe revelar los sentidos ocultos. El texto satírico, al igual que el irónico, evita  la posibilidad de la  identificación entre el lector y el objeto que se pretende ridiculizar o la situación cuestionada y, de esta manera, logra que el sentido de la crítica sea más drástico. Por su parte la ironía establece, en el discurso poético, una oscilación entre lo íntimo (lo uno) y lo ajeno (lo disperso) (Abuín, 1998: 121).
Copa de huesos (1972) de Caupolicán Ovalles, obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en el género Poesía, en el año de 1973.  El libro reúne  poemas escritos en la década anterior, entre ellos  “Elegía a la muerte de Guatimocín, mi padre, alias el globo”, que ya había sido publicado por El techo de la ballena y textos inéditos, como el  que da nombre al libro. Algunos de estos textos siguen  la línea del tan cuestionado poema ¿Duerme Ud. Señor presidente? de 1962,  en el que Ovalles ridiculiza la figura del entonces presidente de Venezuela,  Rómulo Betancourt;   texto en el que se percibe una manifiesta intención de degradar el poder representado en la figura del presidente; discurso contra-hegemónico que da cuenta del conflicto socio- político reinante en los inicios de la democracia venezolana;  pone en duda la legitimidad de la moral y las leyes representadas en la figura del presidente y  escandaliza a través del sarcasmo y la burla directa:
El Presidente vive gozando en su palacio,
come más que todos los nacionales juntos
y engorda menos
               por ser elegante y traidor.
Sus muelas están en perfectas condiciones;
no obstante, una úlcera
le come la parte bondadosa del corazón
y por eso sonríe cuando duerme.
Como es elegido por voluntad de todos
los mayoritarios dueños de inmensas riquezas
es un perro que manda,
es un perro que obedece a sus amos,
es un perro que menea la cola,
es un perro que besa las botas
y ruñe los huesos que le tira cualquiera
             de caché.
Su barriga y su pensamiento
es lo que llaman water de urgencia.
Por su boca
corren las aguas malas
de todas las ciudades.
Con sus manos destripa virgos
                y
como una vieja puta
es débil y orgulloso de sus coqueterías.
         Se cree el más joven
y es un asesino de cuidado.
 (1972:61-64).


En uso de razón  (1963) es un  extenso poema de este libro, que nos permite ver cómo la poesía de Ovalles  busca cuestionar, a través de la sátira, la situación  que vive el país. Está escrito en catorce partes, trece de ellas subtituladas con la frase que da nombre al libro “EN USO DE RAZÓN”;  en algunas oportunidades ampliado como por ejemplo: “EN USO DE RAZÓN SE AVECINAN COSAS EXTRAÑAS”, “EN USO DE RAZÓN SE AVECINA EL CÁDILAC” y una última sección titulada: “TOCO BOTELLA PUES SOY AGUARDIENTOSO”.   En el texto se arremete, de forma agresiva e irreverente, contra las instituciones sociales representadas en personajes como  sacerdotes, monjas, capitanes, tenientes, doctores, ingenieros y diputados.
Si bien el tono sarcástico y la abyección son los predominantes, en algunos momentos el humor se apodera de la escena. La propuesta estética, fundamentada en la irreverencia y la perversión, quebranta los fundamentos éticos tradicionales, construye una nueva identidad personal, colectiva y nacional sobre las bases de la conciencia desbordada. La ironía constituye el procedimiento textual predominante.   La escritura de Caupolicán Ovalles transgrede la formalidad de la cultura institucionalizada,  a través de la ironía, el sarcasmo y el humor. Poesía contestataria que arremete contra  el poder y las instituciones. Escritura que hace uso de la oralidad, del discurso coloquial, con sus rupturas sintácticas y semánticas, que tiende a la narratividad.   El  tratamiento que Ovalles da a los temas históricos se adscribe a la actitud transgresora y subversiva de su poética, en tanto que utiliza  personajes que representan el poder hegemónico, para parodiarlos y cuestionar la verdad de los acontecimientos que la Historia ha institucionalizado. A través de la ironía[1] se degradan el poder,  las instituciones, la moral y las leyes.   
Los textos de Ovalles construyen un universo anárquico y libertino en el que se hacen presentes diversas formas de trasgresión. El poeta busca desacralizar el universo poético al distanciarse de los temas consagrados por la tradición y acercarse a lo marginal y lo sórdido con sarcasmo.

En las bodegas de fúnebres sombreros mean las cajas
         de cartón las cajas mujeres-de-fieltro
en su cosa mujeres-cielos-rasos sus sexos bombillas
         disparadas por el centro y cuelgan
además mujeres entre dientes de libidinosos perros
         manchados cuelgan además bodegas
(Ovalles, 1972: 57).

Copa de huesos, el poemario que cierra y da nombre al libro,  sigue la línea de los anteriores -poemas largos que juegan con la disposición tipográfica-  sin embargo, en esta oportunidad éstos van precedidos de textos muy cortos escritos en prosa. La novedad que este conjunto ofrece radica en los  textos  en prosa y en el diálogo que se establece entre los dos grupos de textos. En lo que respecta a los cortos, nos encontramos ante la presencia de un  discurso cuya retórica  simula una ´crónica de indias`, en ellos se construye un universo imaginario fundacional que comienza marcando sus fronteras: “Confina por el Norte con los países incógnitos” (Ovalles, 1972:192) luego describe la zona: “El aire es húmedo en la costa, pero sutil, puro y ligero conforme se acerca a las montañas. El temple es de primavera y del otoño es el más feliz; el invierno tiene días de un frío excesivo,  y el verano de un calor mortal. Lo que es menos tolerable es la plaga asombrosa de insectos asquerosos” (Ovalles, 1972:194).
Contrastando con el mundo descrito en los textos cortos,  los poemas largos, escritos en verso, muestran un mundo desarticulado, fragmentado y anárquico en el cual el absurdo de la muerte invade las escenas.  Como parte de esa compleja visión del mundo, en los poemas largos se establece una relación intertextual con la historia de España y con el proceso de la conquista y colonización de América. El hablante trastoca el orden de los acontecimientos y yuxtapone los tiempos -el pasado bajo el mando de la corona y el presente bajo la sumisión al imperialismo norteamericano- para cuestionar una  situación de dominio que se rechaza:
Será que nos estamos metiendo el dedo en la nariz
       todo el tiempo que desean
              los amansa cadáveres del norte?
              o será que ROCO FELLER es el Rey
               de España
               y tiene derecho y dominios sobre
               nuestro bello país?
¿He beisbeis?

¿IS O NO IS?
¿YULAIQUE?
     O
SERA QUE
DOÑA JUANA, POR LA GRACIA DE DIOS
REYNA DE CASTILLA, DE LEÓN,
DE GRANADA, DE TOLEDO, DE GALICIA,
DE SEVILLA, DE CÓRDOBA, DE MURCIA,
DE JAEN, DE LOS ALGARBES,
DE ALGECIRAS, DE GIBRALTAR, Y DE LAS
ISLAS DE CANARIAS, Y DE LAS INDIAS,  
ISLAS Y TIERRA FIRME DEL MAR OCÉANO

            ¿ESTÁ LOCA?
            y le ha dado de pleno derecho
            el disfrute
de todo
esto
a RICO FELLER?
 (Ovalle, 1972:209-210).           


El  tratamiento que Ovalles da a los temas históricos se adscribe a la actitud transgresora y subversiva de su poética, en tanto que utiliza  personajes que representan el poder hegemónico, para parodiarlos y cuestionar la verdad de los acontecimientos que la Historia ha institucionalizado.
La gloria de tener un tío Coronel
casi
casi todo se lo tiene resuelto
y algún contrabando también

¡TODO!

Esto si usted tiene la suerte de tener un tío
Coronel
Se multiplica
CUANDO ES JEFE DE LA FUERZA
O EL QUERIDO coronel

La vida o la patria nos lo llevan
A
NADA MENOS
         QUE
               CAPITÁN
                GE
                   NE
                       RAL
(Ovalles, 1972 :285)

Víctor Valera Mora (Valera, 1935-1984), el Chino Valera, estudió en la Universidad Central de Venezuela en los años en que comenzaban a organizarse los movimientos subversivos. En 1961 se graduó de  sociólogo; ese mismo año  se incorporó a la célula de guerrilla urbana y publicó su primer poemario, Canción del soldado justo; una década más tarde apareció Amanecí de bala,  luego vendrían Con un pie en el  estribo (1972) y 70 poemas stalinistas  (1979) que obtuvo el premio CONAC de Poesía en 1980. Poesía lúdica que desmitifica a los grandes íconos de la vida pública nacional, que se ubica en la periferia de la institucionalidad y desde ahí arremete contra los valores tradicionales, se burla de ciertos mitos y convenciones sociales para luego proponer un nuevo orden, el de la Revolución.
Al igual que Ovalles, Valera Mora, desacredita ciertos valores  sociales y políticos a través de la sátira. En sus textos se cuestiona y ridiculiza  la actuación de los grandes jerarcas de la Iglesia  y de la política y se pone en evidencia  el contraste entre las clases. La imagen del antihéroe que encontramos en “Amanecí de bala”, texto que da nombre al  poemario, pone en evidencia el giro que da  la escritura de Valera Mora de una a otra década:

Amanecí de bala
amanecí bien magníficamente bien todo arisco
hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja
mi vida toda la cambiaría por la cabellera de esa mujer
alta y rubia cuando vaya a la Facultad de Farmacia se lo diré
seguro que se lo diré asunto mío amanecer así
(Valera Mora, (1971) 1994:177).


El entusiasmo revolucionario cede paso al escepticismo cuestionador, sin que por ello abandone la actitud comprometida. La ironía y el sarcasmo serán, en su segundo libro, los instrumentos filosos de la denuncia. Para ese entonces,  Valera Mora se había distanciado del partido comunista venezolano, que había abandonado la lucha armada, y se había adherido al movimiento que se mantenía  en el combate:  el Partido de la Revolución Venezolana y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (PRV-FALN),  fundado por Douglas Bravo, Fabricio Ojeda y Francisco Prada en 1966.
Su poesía,  mezcla de  irreverencia y militancia, quería llegar a un público amplio y variado, de ahí el uso de un lenguaje directo, con predominio del tono narrativo, escrito en oportunidades en versos largos que muchas veces adquieren un ritmo recitativo o en versos muy cortos. Sus poemas rompen con el tono grandilocuente característico de la poesía política y construyen un universo discursivo en el cual los ideales revolucionarios se articulan desde lo cotidiano y lo inmediato. Así dirá en El Apocalipsis según san Eduardo Gorila Frei” :
Bienaventurados los que lavan las manos manchadas con la sangre
de los patriotas chilenos
           para tener derecho al árbol de los crímenes
y entrar por la puerta que da acceso al reino de las escatologías.

Fuera obreros, campesinos, estudiantes, artistas, sabios
           y todos los que aman y practican la verdad.
(Valera Mora, 1994:271)

En la poesía de Valera Mora  se parodian distintas formas discursivas, entre ellas, la historia, la tradición literaria, el discurso tecnológico,  el western y el discuros político.
Encontramos también ciertos juegos de lenguaje en los que la intertextualidad paródica da cuenta de una tradición cultural de la que el autor se ha apropiado para re-figurarla  en un contexto propio, como ocurre con estos versos que parodian el famoso poema de Mallarme “Un golpe de dados”:  “Un golpe de chigüire en el azar/jamás podrá abolir el codillo” (Valera, 1994:241).
En el caso de Valera Mora la ironía y el sarcasmo dan cuenta de una postura ética que se niega a abandonar los ideales revolucionarios y rechaza la postura no comprometida de los escritores e intelectuales, tal como puede verse en estos poemas:
Juego Limpio
Los escritores que le viven
Buscando cuatro patas
Al triángulo y luego dicen
Que no les importa la política
Deberían cortarse los cojones
Y echárselos a los cochinos
(Valera, 1994: 275)

Ciencia triste
Ciertos economistas venezolanos
Se rebanan los sesos
Hablando del producto nacional bruto
Esos pobre diablos lenguas de palo
Deberían de una vez por todas
Hablar del producto colonial inteligente
Y empatarse en una de liberación.
(Valera, 1994:268)
El carácter irreverente y desenfadado del discurso poético de estos dos integrantes de La pandilla de Lautrémont enfatiza la actitud cuestionadora del hablante frente a unas estructuras de poder que se rechazan. En los textos, a través de la parodia y la sátira, se  ponen en entredicho los valores consagrados y  se degradan roles, figuras, jerarquías. 


BIBLIOGRAFÍA:

ABUÍN GONZÁLEZ Ángel. 1998. “El poeta como homo duplex: Ironía romántica y
      multiplicidad enunciativa”. En  Fernando Cabo  Aseguinolaza,  Germán Guillón
     (Eds.): Teoría del poema: la enunciación lírica. Ámsterdam: Rodopi. Pp. 111-158.

LASARTE, Javier. 1999. “Trayecto de la poesía venezolana de los ochenta: de la noche a
      la calle y vuelta a la noche”. En Kart Kohud (ed.) Literatura venezolana hoy. Historia
      nacional y presente urbano. Madrid: Iberoamericana. Pp. 277-291.

NOGUEROL, Francisca. 1995. La trampa en la sonrisa. Sátira en la narrativa de
       Augusto Monterroso. Salamanca: Universidad de Sevilla.

OVALLES, Caupolicán.  1972. Copa de huesos. Caracas: La gran papelería del mundo.

VALERA MORA, Víctor. 1994. Obras completas. Caracas: Fundarte




[1] Pierre Schoentjes  explica la concepción que tiene Schaerer de la ironía en tanto mecanismo de desdoblamiento. Considera Schoentjes que para Schaerer el dualismo es fundamental  ya que a través del mismo  “busca encontrar las implicaciones examinando los juegos de inversión que conducen a la paradoja y al equívoco.” (Schoentjes, (2001) 2003:40).

         
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lunes, 18 de julio de 2011

REVISTA PEDAGÓGICA: COMO AGENTE DE TRANSFORMACIÓN Y PROGRESO



Carmen Virginia Carrillo T. y Margot Carrillo Pimentel

Transcurrido un mes de su nombramiento como superintendente interino de instrucción popular del estado Trujillo,  Pedro Carrillo Márquez, convocó el 15 de mayo de 1911 a  la primera Asamblea de Institutores del Estado, en la cual se dispuso fundar la Revista Pedagógica, dedicada exclusivamente a  la instrucción primaria de la región . En septiembre del mismo año, el doctor José Gil Fortoul, quien había sido recientemente designado Ministro de Instrucción Pública, ratificó a Pedro Carrillo Márquez como titular del cargo, en el cual permaneció hasta el 20 de mayo de 1913, fecha en que fue sustituido por el General José Luis Troconis.
En Venezuela, la Revista Pedagógica fue pionera en su  género, habría que esperar hasta el año 1913 para que surgieran otras publicaciones de esta índole, entre ellas: la Revista de Instrucción Pública en Caracas, el  Boletín Escolar en Mérida y El Educacionista en Apure.
La razón de ser de este órgano de difusión aparece explícitamente mencionada en el primer número:
La REVISTA PEDAGÓGICA tratará exclusivamente de la Instrucción Primaria del estado.
En ella se publicará todo aquello que tienda directamente al progreso de tan hidalga y fecunda institución, o que en las regiones inexploradas de la Enseñanza Popular, señale al preceptorado regional una vía nueva, una senda, en cuya expedita trayectoria no surjan, como terribles y funestas sorpresas descaminadoras de la acción beneficente, obstáculos ni atajos.
La Instrucción, situada felizmente en las prominentes alturas en donde la ha colocado hoy la civilizadora y benemérita acción de los gobiernos y los gremios, imprescindiblemente necesita de los importantes auxilios de la pluma, de las serenas y sensatas preconizaciones de la Prensa.” (1911:1)[1]

Resulta interesante observar cómo en los objetivos enunciados en el primer número de la publicación, algunos términos o palabras revelan no sólo los propósitos de la Revista Pedagógica, sino también la atmósfera filosófico-cultural que envolvía la sociedad del momento. De ese modo,  la idea de progreso aparece como el principio fundamental de una sociedad cuya búsqueda se define a partir de un proyecto de avance hacia la perfección y la superación colectiva; tendencia con evidentes rasgos modernos, representados en la convicción del poder civilizador del conocimiento, la garantía de la integridad moral y la consecución de un nivel de vida mejor, gracias a la acción de las fuerzas productivas. Los sentidos de la uniformidad y la continuidad de la historia aparecerán también en esos objetivos como garantía de un futuro siempre prometedor y centrado, como decíamos, en la noción de perfeccionamiento o progreso. De igual forma “la novedad”, representada en los avances de la ciencia pedagógica aún por conocer y en la puesta en práctica de  formas y métodos inéditos  de enseñanza, será uno de los principios fundamentales que animará a la Revista. De alguna manera se expresa la convicción de que una sociedad “nueva” –que en esos momentos celebra el centenario de su libertad político-social– es sinónimo de terreno fértil e inexplorado en el cual la “civilización” echará raíces para el bien de la comunidad en general. Interesante nos resulta también la expresa mención que en los objetivos de la Revista Pedagógica se hace al “imprescindible auxilio” que representan la escritura y “las serenas y sensatas preconizaciones de la Prensa”, aspectos que entendemos de nuevo como la exaltación de algunos de los elementos más representativos de la modernidad, expresados en la exaltación de la productividad de la palabra –metaforizada en “la pluma”– y en las posibilidades de expansión de la información y el conocimiento que ofrecen la imprenta –tecnología moderna por excelencia que llega a la ciudad de Trujillo en el año 1864– y las publicaciones periódicas que ofrecen los medios de comunicación escrita.
La “vía nueva” a la que hacen referencia los objetivos, no obstante el carácter inédito que representa, aparece a la vez como garantía de  ausencia de  problematización; antes bien, ésta será garantía de una “expedita trayectoria” que evitará “terribles y funestas sorpresas descaminadoras de la acción beneficente, obstáculos ni atajos”. De esta manera  podemos llegar a expresar  que la Revista Pedagógica se inscribe desde sus inicios en un horizonte de ideas de naturaleza positivista, en las cuales términos como progreso, novedad, civilización, entre otros una clara orientación filosófica.
A lo largo de los veintitrés números que salieron  mensualmente, entre  julio de 1911 y mayo de 1913, la publicación mantuvo una línea editorial acorde con los principios que la animaron: “la necesidad de propender a la educación del profesorado por ser la falta de una instrucción pedagógica lo que hacía nugatorio los propósitos del Gobierno en la modernización de la Enseñanza” (Carrillo Márquez, 1913:231).   De particular importancia resulta tal propósito, que pone por delante la formación del docente, manifestándose así una clara conciencia acerca de que ningún cambio sería posible sin pensar en ese gestor  social en el que se convertirá el maestro.
Es de hacer notar la coherente articulación de los distintos aspectos desarrollados en la Revista Pedagógica con aquéllos que configuran la visión y misión de la “Instrucción Pública”. Cada número enriquece un poco más  lo que originalmente se concibió como los objetivos de la publicación: las conferencias dictadas a nivel nacional o promovidas en la región, los textos que se incluyen y cuya procedencia o autores representan lo más actualizado y novedoso en el ámbito de la Pedagogía, o los textos literarios, algunos de cuyos autores figurarán luego como representantes de la mejor literatura nacional y latinoamericana, guardan una coherencia perfecta, de principio a fin, con lo que son para la Revista Pedagógica y la Instrucción Pública de la región los principios fundamentales de la educación ciudadana.
Tal como lo señala en las palabras de despedida, del número veintitrés,  de mayo de 1913, Pedro Carrillo Márquez,  desde la Superintendencia de Instrucción Popular del Estado Trujillo -a la cual se anexó luego el Estado Zulia-, dirigió todos los esfuerzos para  conducir por “un rumbo útil i moderno a la carrera de la Enseñanza.” (Carrillo Márquez, 1913:231). Para tal fin se trazó varias metas. De ellas nos interesa destacar: - el esfuerzo desplegado para dar a la mujer no solo educación avanzada, sino también un lugar y una voz en el seno de la Asamblea de Institutores, donde se discutían ideas sobre asuntos escolares; esto último con la finalidad de “allanar a la mujer, en su carrera de alternar con el hombre en los deberes de comunión social, su puesto meritorio en los debates de los problemas más primordiales de los pueblos cultos.” (Carrillo Márquez, 1913:232) y - la labor desarrollada en pro de la formación de los maestros:
Hacer del Maestro de Escuela un elemento social de primer orden, dignificarlo como Enviado de la Idea; acatarlo como al manso caudillo de las tiernas huestes de la cultura i el progreso, redimirlo de esa mirada despectiva que le lanzan de continuo los poderosos del cálculo; descartarlo, en fin, de ese manto de lástima i lo que es más vituperable aún, de indiferencia, que se ha venido arrojando sobre ese el más noble de los obreros de la civilización; hacer de la pedagogía un apostolado no un oficio mercenario; una función decorosa no una institución de beneficencia; una misión de patriotismo no un empleo lucrativo; no, en fin, un refugio del ocio sino el digno teatro para la preclara hegemonía del Pensamiento sobre el rumbo de los destinos humanos: tal cual se exhibe el ideal que inspira los modernos sistemas de enseñanza … (Carrillo Márquez, 1913: 231-232)
           
En el pensamiento “positivo” el equilibrio de la sociedad es fundamental para el avance y el progreso; tal situación es garante de la ausencia de conflicto y la consecución de la paz. En este sentido, la educación constituye la empresa por excelencia que propiciará la superación y “control” sociales. Además de propender a la “grandeza del espíritu del educando”, la instrucción pública será una de las empresas más “útiles” a la sociedad y sus individuos; de ahí que las instituciones del Estado no escatimarán  esfuerzo alguno, en lo que al avance de la educación se refiere.
En este trabajo nos centraremos particularmente en la segunda de las metas citadas. La formación y bienestar del maestro, “elemento social de primer orden”, será uno de los objetivos de ese proceso modernizador que desde la Revista Pedagógica se emprendió y sostuvo a lo largo de  dos años de publicación mensual. Los docentes son vistos como “civilizadores de las generaciones que llevan á cada una el semillero de las virtudes cívicas que levantan á los pueblos y los conducen por la senda de la prosperidad y la grandeza” (Carrillo Márquez, 1911:2) Este juicio coincide con el planteamiento aparecido en El Fonógrafo de Maracaibo y reproducido en el número cuatro de la Revista Pedagógica,  en el que se considera al maestro y a la escuela como los basamentos principales de la comunidad, de cuyas condiciones “depende la cultura y el adelanto del cuerpo social” (1911:34)
La línea de pensamiento filosófico e ideológico seguida por la Superintendencia de Instrucción Popular  y reflejada en la Revista Pedagógica a través de los textos escritos tanto por  miembros de la colectividad regional y nacional, como por extranjeros, y reproducidos en la publicación,  se enmarca en las ideas positivistas que  Gil Fortoul sintetizó en la consigna comtiana  de “Orden y progreso”.  Para el pensador venezolano:
Orden y progreso no son conceptos que se excluyan ni contradigan. Es el uno condición indispensable del otro, sobre todo en un estado nuevo, con historia corta y tradiciones recientes. Un estado joven que no mantiene un orden legal cualquiera cae fatalmente en la anarquía o en el despotismo. El orden legal constituye la tradición, y sin ésta el progreso es siempre aventurado. (Gil Fortoul, 1956: 403)

En el número siete, de enero de 1912, la Revista Pedagógica manifiesta su posición  de respaldo al proyecto educativo de la nación: “Vocero humilde pero animado de patrióticos ideales, REVISTA PEDAGÓGICA, que ha secundado con entusiasmo la ilustrada labor nacional en pro de la instrucción pública, se apresta á llevar su grano de arena á la obra civilizadora que con acierto y fe, ha emprendido el Ciudadano Ministro de Instrucción Pública, Doctor Gil Fortoul” (64). Según se desprende de los comentarios expuestos en la Revista, las demandas de los trujillanos fueron escuchadas y atendidas en el Ministerio, lo que permitió que se llevara a cabo un trabajo conjunto de vital importancia para la instrucción primaria en el Estado.
En los textos publicados a lo largo de los veintitrés números de la Revista Pedagógica, se señalan  algunos de los ejes hacia los cuales debían orientar su trabajo tanto los organismos del estado encargados de la instrucción popular como los maestros, con el fin de conquistar la aspiración progresista y civilizatoria:
El primero de ellos, de carácter estructural, se refiere a la creación y dotación de escuelas para varones y niñas en todos los Municipios del Estado, dando importancia fundamental a la distribución de los espacios, la calidad de los materiales didácticos y la limpieza del lugar.
El segundo alude a la capacitación de maestros y maestras, proporcionándoles fuentes de información nacionales y extranjeras, acordes con los adelantos de la pedagogía moderna. Se considera que sólo a través del maestro  la instrucción proporcionará con eficacia su acción civilizadora; y es en función de este objetivo, entre otros, que se crea la Revista Pedagógica, cuestión que la convertirá en el órgano por excelencia de la difusión de los saberes entre los directores de escuela, maestros y  preceptores.
El tercero,  de carácter normativo, remite a los lineamientos que han de seguir los maestros en función de lo que se denomina “El implantamiento en las Escuelas del Estado de ese doble fin científico del maestro” (1911:3). En este sentido, se señala  al maestro el deber de “Valorar los hechos que el método individual de observación haya confirmado ante la experiencia, como legítimos, para que la práctica corresponda á la importancia de la teoría” (Ibdem) y se insiste en las condiciones higiénicas que deben observar para evitar la propagación de enfermedades. De nuevo observamos la incorporación de elementos de la ciencia positiva en los propósitos fijados por la Revista: la observación, procedimiento fundamental dicha actividad científica, precede a la teorización y coloca en un segundo plano la validación de la experiencia.
 El cuarto atañe  a la formación que debe darse a los alumnos; la misma ha de ser  cónsona con el orden cívico de la sociedad. Para ello se hace énfasis en la educación  de la moral y de la estética, esta última a través del desarrollo de la sensibilidad artística y literaria, lo que permitirá elevar el nivel cultural y sensible de los ciudadanos.
Es a través de la educación que se logrará el avance moral y el progreso intelectual  de los pueblos. Tal como refiere Felipe López en la Asamblea de Instructores Trujillanos, celebrada el siete de julio de 1911: “La mayor esperanza de un País consiste en la honradez é ilustración de sus hombres y tanto mayor serán los resultados, cuanto más se levanten cátedras de enseñanza en el orden comunal” (14).  Interesante acotación esta última, en la cual la instrucción pública se considera una necesidad, “la mayor esperanza” para un país joven, cuyos beneficios serán mayores en la medida en que sus “cátedras” se extiendan al mayor número de sus comunidades.
A pesar de que en la revista se hace mención al Código de Instrucción Pública, en lo que respecta a la enseñanza de la Doctrina Cristiana, solo si  lo  exigieren los padres de los alumnos, en su mensaje a la Asamblea de Instructores reunida el 2 de julio de 1911, el Superintendente de Instrucción Primaria recomienda “prestar atención providente al estudio de la religión en la Escuela” (1911:6) justificando su sugerencia en la necesidad de conservar las creencias de los mayores. En la sección de “Recitaciones y lecturas” aparecen  textos de temática religiosa, particularmente en las ocasiones en que la revista es editada en fechas religiosas, tales como la Semana Santa.
En un artículo extraído de la revista La Educación Popular, de Quito y publicado en el número quince, concluye el autor:
El objeto de la educación moral es formar ciudadanos libres, buenas madres de familia, con disposición habitual al bien por las escuelas de ambos sexos, i esa educación, práctica, extendiéndose esto, a la enseñanza de todas las materias; el trato entre maestros i alumnos debe ser netamente moral, dentro i fuera de la escuela; los sentimientos morales se afirman progresivamente en la juventud, hasta llevarla a la necesidad imperiosa de obrar bien; la educación no debe confiarse a ningún educador inmoral; para entrar al ejercicio del magisterio se debe exigir una moralidad sujeta a toda prueba; i, por fin, se debe arrebatar la enseñanza a los profesores que no enseñen o no practiquen las saludables máximas morales. (1912:157)

Las exigencias que se hacen a los maestros, en cuanto a la rectitud moral de su actuación, van acompañadas de la búsqueda de una educación más amable, sin castigos físicos ni maltratos, en la cual los docentes dirijan a los niños en vez de azotarlos y les proporcionen un ambiente de respeto, de manera que éstos puedan dejar a un lado “la vagancia, los vicios i las costumbres incultas”  (1912:152).
Al intentar hacer una valoración general de los propósitos modernizadores que en relación con el aspecto educativo persigue la Revista Pedagógica hemos observado cómo al lado de una tendencia hacia los preceptos positivistas comtianos de la exaltación de la ciencia y el pensamiento objetivo, se encuentran rasgos característicos de un Humanismo temprano y una marcada expresión conservadora, que da cuenta de un proceso particular en el cual lo más nuevo, “moderno” e inédito va de la mano de las creencias, costumbres y usos provenientes de una rancia tradición: si bien la línea de la revista concuerda con la idea de que las reformas que amerita la Instrucción deben ser de carácter radical (1912:93),  tales convicciones no dejan  de lado la importancia que la conservación de la moral y las buenas costumbres tiene en la formación del ciudadano. Por ejemplo, en lo relativo al papel activo que la mujer debe jugar en esa etapa de adelantos e innovaciones pedagógicas, en esos tiempos en que “el Feminismo armado de todas sus armas se presenta dispuesto a vencer […] a tener voz y voto en todo y en todas partes” (1912:78) notamos cómo a la vez tales avances la más de las veces se consideran adecuados para ser ejercidos en otras culturas o contextos, pero no en la experiencia local,ya que, como  apunta la Señorita Lucila Luciani de Pérez Díaz en una conferencia incluida en el número ocho de la Revista, “en nuestra tierra no tendría  razón de ser el Feminismo, porque la mujer venezolana es muy feliz: tiene siempre quien la proteja, quien la cuide y hasta quien la mime” (1912:79). Apreciaciones como la anterior, dan cuenta de una Venezuela de comienzos de siglo  que ciertamente abre con entusiasmo las puertas a la modernidad y a los cambios que tal circunstancia exige. No obstante habrá circunstancias en las cuales una actitud más conservadora, menos liberal y más cercana a las viejas tradiciones desacelerará la velocidad de los aires que traen los nuevos tiempos: la Revista Pedagógica se convertirá en un extraordinario escenario de tales acontecimientos. A cien años de su aparición, esta publicación periódica se convierte, entonces, en un testimonio de inestimable valor, no sólo al permitirnos observar a distancia lo que fueron las ideas de avantgarde de la educación del principios de siglo; también sus páginas son una fuente de inestimable valor al momento de intentar la comprensión de una época que, no obstante sus limitaciones, mira con inusitado entusiasmo lo que en el  resto del mundo comienza a ofrecer  el recién estrenado siglo XX.
En la circular número tres, del 31 de agosto de 1912 103º y 54º, dirigida a los directores y directoras de las Escuelas Federales de los Estados Trujillo, y Zulia,  Pedro Carrillo Márquez, superintendente de Instrucción Popular de los Estados Trujillo y Zulia expone:
“las exigencias de la época reclaman un movimiento transformador de la educación pública, como base para despertar i fortalecer a la vez nuestros propios sentimientos de paz i de cultura, colaborar con honra i decisión en la obra regeneradora que se ha impuesto el Gobierno Nacional, reprimir las inclinaciones peligrosas, cultivar en los niños el magno poder de la conciencia i promover abiertamente el estricto cumplimiento de los deberes para con Dios, la sociedad i la Patria.” (141)

Sin duda, el empeño civilizador emprendido por la Revista Pedagógica está provisto de una plena conciencia en relación con los valores que tal empresa conlleva: la necesidad de transformar los viejos métodos de enseñanza, las húmedas e insalubres edificaciones utilizadas para la empresa educativa y el propósito de atender a la formación integral del niño, a la que se suma esa  idea del papel de “facilitador” del maestro para el logro de los cambios, la superación y la estabilidad social de los pueblos, son propósitos que siguen una constante, indeclinable e invariable línea de acción. Es evidente, también, la  insistente preocupación por la buena marcha de un proceso que de continuo se le identifica como “base para despertar i fortalecer a la vez nuestros propios sentimientos de paz i de cultura”; es decir, como plataforma fundamental de un proceso civilizador nacional cuyo objetivo fundamental consistió en lograr un equilibrio “perfecto” en lo social, económico, moral y económico.
El afán modernizador de la publicación también se manifiesta  en el mecanismo de canje llevado a cabo con revistas pedagógicas de América y Europa, entre otras, la revista literaria e ilustrada chilena Pro-cultura, la revista pedagógica española La escuela moderna, la argentina El monitor de la educación común; desde la capital ecuatoriana llega la Revista de educación. De las mismas se toman algunos textos que permiten al maestro conocer métodos de enseñanza y temas pedagógicos que se están debatiendo en países cuyos sistemas educativos son reconocidos por su calidad e innovación.
Entre los trabajos reproducidos en la Revista Pedagógica, llama la atención el artículo del inspector de la enseñanza primaria en París, E. Huleux, titulado La escuela primaria elemental francesa, y reproducido en el número trece de la Revista Pedagógica (1912:124).  Expone Huleux cómo los pensadores republicanos entendieron que la democracia tiene que sostenerse, vivir y desenvolverse sobre una masa popular culta y para ello es necesario organizar la escuela y “hacer de ella una fuerza viva capaz de ejercitar su acción i una acción benéfica sobre la conciencia nacional.” (1912:125).
Otro aspecto a destacar, de entre los mencionados por Huleux, es el relacionado con la tendencia a introducir arte y belleza en la escuela; con ello se busca introducir “la cultura del sentimiento a lo bello” desde la primaria, logrando, de esta manera, su influencia sobre la educación ya que ésta “eleva el alma, ennoblece el pensamiento, depura los sentimientos, de manera que puede ser un poderoso medio de educación para nuestra democracia.” (128).
En la Revista Pedagógica se expone, en reiteradas oportunidades, la necesidad de una educación  que contemple el desarrollo del gusto estético en el niño desde el primer grado.  En el artículo titulado “El miedo”, de María Carbonell Sánchez, publicado en La escuela Moderna de Madrid, y reproducido en Revista Pedagógica número catorce, se sintetiza la relación entre estos elementos de índole ético y estético: “la educación debe evitar principalmente que degenere el excelso tipo infantil, i esto se conseguirá creando en torno suyo una atmósfera moral, un ambiente de verdad i de belleza que llegue a serle necesario durante el curso de la vida por  lo constante i habitual.” (Carbonell Sánchez, 1912:143)
En el tercer número de la Revista Pedagógica, se da inicio a una sección denominada “Recitaciones”, que en los números finales se amplía a “Recitaciones i lecturas”, orientada a ofrecer textos de carácter literarios, de autores conocidos, que pudieran servir a los maestros para  sus ejercicios con los alumnos, en lectura, análisis gramatical y aplicaciones morales.
Todos los textos literarios de esta sección apuntan  hacia el ideario social, ético, estético y religioso que guiaba a la Superintendencia de Instrucción Primaria del Estado y que a su vez se reflejaba en los acuerdos de las Asambleas de los Institutores trujillanos, las conferencias de los invitados especiales de estas Asambleas y los textos de carácter teórico y reflexivo tomados de otras publicaciones. A esto habría que agregarle el valor didáctico de los mismos en cuanto a su contenido, casi siempre orientado a dar lecciones de carácter moral y cívico y, en oportunidades, a despertar el goce estético.
En la estética aristotélica, el arte  establece proximidades entre la belleza, el bien y la verdad, de ahí que esa estructura artística esencial que es la poesía no podía faltar en un órgano de formación educativa como la Revista Pedagógica. A través de los textos poéticos se despierta la sensibilidad y se amplía la imaginación de los lectores.  El lenguaje metafórico permite  reconocer asociaciones inesperadas entre los seres y las cosas y con ello se enriquece el lenguaje. La expresión refinada y la estructura métrico-musical contribuyen a la ejercitación de la memoria.   
Los textos poéticos reproducidos son en su mayoría de las dos corrientes literarias predominantes a principios de siglo en Latinoamérica y en Venezuela: el romanticismo y el modernismo. Todos los poetas citados son de habla hispana, particularmente venezolanos, colombianos, mexicanos, ecuatorianos, puertorriqueños y españoles.
Constituye un  tema recurrente en la Revista Pedagógica  la exaltación del campo en oposición a la ciudad, ocupando la ciudad el polo negativo de la comparación. En este sentido, queremos señalar particularmente la publicación de la  Silva criolla de Francisco Lazo Martí, poema cuya intención es concientizar a los lectores sobre la importancia del ser y el quehacer venezolano, a través de la proyección emocional que plasma el  yo lírico sobre el paisaje nativo. El poema se enmarca en la tradición americanista iniciada en Venezuela por Andrés Bello con sus poemas “Alocución a la poesía” de 1823 y “Silva a la agricultura de la zona tórrida” de 1826, y continuada por Juan Antonio Pérez Bonalde en “Vuelta a la patria” de 1876.
  En la revista se publicaron los poemas: “Estudia” de Elías Calixto Pompa, “A la libertad” de Cecilio Acosta, “Trabaja”, de Elías Calixto Pompa, “Oda a la libertad” de José H. García de Quevedo, “Himno a la bandera venezolana” de Felipe Tejera, “A la libertad” de Manuel del Palacio, “La escuela moderna” de Benigno Pallol, “El placer de la virtud” de Juan Eugenio Hartzenbusch, “Cosechas” de Udón Pérez, “Lo azul” de Antonio F. Grilo, “A la paz” de Rafael Escobar Roa, versos de José Martí, “Las armas de un caballero” de M.R. Blanco Belmonte, “De blanco” de Manuel Gutierrez Nájera, “El pabellón venezolano” de José R. Colina Montilla, “Diálogo. La ilusión i la verdad” de Diego Jugo Ramírez, “Descansa” de Elías Calixto Pompa, “Confiar y esperar” de Cosme D. Lagos, “Contra el alcoholismo” de Ageno, “Siempre luchar” de Gabriel Ferrer Hernández, “Enseñanzas de Pitágoras”, “El caballo de silla” de Salvador Rueda, “quien bebe, paga” de G. Núñez de Arce, “Bolívar” de Abigail Lozano, , “La araña” de Francisco Villaespesa, “En el cementerio” de Gabriel E. Muñoz, “El golpe” de Salvador Rueda,   “Un niño” de José Joaquín Olmedo, “A un impaciente” de Manuel de Sandoval, Silva criolla” de F. Lazo Martí y “El niño sabio” de H. Este poema, aparecido en el último número de la Revista Pedagógica, cuestiona la adulación por considerarla perniciosa para el talento. No podemos dejar de citar los versos finales del poema en función del contexto histórico en que aparece:
 mas título hiperbólico indigesto 
echa a perder al prócer más modesto;  
si genio a cada quisque se proclama,
desafina la trompa de la fama;
el indiscreto elogio, a maravillas
suele formar las Marisabidillas,
i si bueno es el culantro, caballeros,
no tanto, dicen aptos cocineros;
quede, pues, con la hipérbole maldita
la grei de aduladores parasita. (1913:238)         

Para la fecha de la edición de la Revista, ya el doctor Gil Fortoul y Carrillo Márquez habían sido destituidos de sus cargos y las políticas progresistas que se estaban aplicando fueron suspendidas; las edificaciones escolares convertidas en cuarteles y los maestros, junto con sus alumnos, fueron ubicados en casas en ruinas. Comenzaba a sentirse el peso de la dictadura y su desprecio por la educación del pueblo. La adulación se había convertido en una práctica reiterada para conseguir los favores del general Gómez.               
Aparecen también una serie de textos carácter religioso: “Pater dimmitteillis” de J. A. Pérez Bonalde, “Stabat mater” de Isidoro Hernández y Hernández, “A Judas” de Juan Nicasio Gallego, “La Iglesia” de Felipe Tejera, “Paternoster” de El padre Mendoza, “Ave María” de Juan de Dios Peza, “El retrato de Jesucristo”, “Al borde de la tumba” de Manuel del Palacio, “La fe” de Emilio Castelar, “El nacimiento”  de J. Antonio Cavestany, “Jesús” de Víctor Hugo, “La redención” de José Jackson Veyán. 
 Textos en prosa de índole reflexiva y formativa: “Para las damas” de Severo Catalina, “Trabajad” sin autor, y “Decálogo del patriotismo” de Tulio Febres Cordero, “La palabra i el silencio” de Samuel Smiles, dos textos titulados “La instrucción”, uno de Miguel Ángel Santeliz, y otro de Emilio Castelar; “La vulgaridad” de José Ingenieros; “El maestro” de H. Hernández y “Consejos de Jorge Washington”. Varios textos en prosa y verso sobre el tema del árbol. Un cuento de Amado Nervo.
Al final de la sección “Recitaciones i lecturas” aparece un apartado titulado Pensamientos, allí se incluyen frases de escritores y pensadores de múltiples nacionalidades, entre ellos: Quevedo, Cicerón, Lord Bacon, Séneca, George Eliot, Lockman, Napoleón I, Tingley, La Rochefoucauld, Virgilio, Fray Luis de León, Segur, Prévot, Setanti, Madame de Gasparin, Napoleón, Madame de Genlis, Voltaire, Madame de Stael, Lamartine, La Bruyere. 
En los textos se exalta las virtudes del trabajo, el esfuerzo, el optimismo, la honradez, el heroísmo, la paciencia y se repudia los vicios como la holgazanería, la pereza, el alcoholismo, etc.
Muchas e importantes fueron las reformas llevadas a cabo en el sistema educativo venezolano y particularmente en el Estado Trujillo, en esos escasos dos años en que Gil Fortoul estuvo a cargo del Ministerio y Carrillo Márquez de la Superintendencia de Instrucción Popular. Sin embargo, el esfuerzo desarrollado por elevar el nivel educativo, se vio prontamente truncado. El régimen de Juan Vicente Gómez no veía con buenos ojos el impulso dado a la instrucción pública y en 1913, tanto Gil Fortoul como Carrillo Márquez fueros destituidos de sus cargos. En abril de 1914, Pedro Carrillo Márquez fue hecho prisionero y enviado al Castillo de San Carlos, donde permaneció recluido por año y medio, junto a otros que adversaban al  dictador.
Cien años más tarde,  la Revista Pedagógica se presenta a sus lectores como un documento de fundamental importancia en la historia de la educación venezolana. Sus páginas propician un interesante debate en relación a ciertos problemas y deficiencias que, aunque sea duro reconocer, siguen vigentes,  en ciertas zonas de nuestro deprimido estado Trujillo. 

REFERENCIAS BIBLIO-HEMEROGRÁFICAS:
GIL FORTOUL, José. 1956. “El hombre y la historia”. en Obras Completas. Vol. IV.
Revista Pedagógica (1911-1913). Caracas: re-edición de José María Carrillo (1967)





[1] Todas las citas, excepto la de Gil Fortoul, han sido extraídas de la segunda edición de la Revista Pedagógica, (1967). Se ha reseñado el año en que fueron publicadas en el original y la página en que aparecen en la edición consultada.